Por Valentinne Rudolphy
2 diciembre, 2015

Si te consideras alguien extremo, probablemente tu cerebro esté más desarrollado.

Investigadores de la Universidad de Turku (Finlandia) realizaron un estudio de personalidad. Se centraron en una característica en especial: el riesgo. Quisieron observar cuáles eran los procesos cognitivos que podrían tener relación con esto. Y llegaron a interesantes conclusiones.

Para esto, reunieron a 34 hombres de entre 17 y 18 años. La prueba consistía en enfrentarse a un videojuego, que llevaba a distintas tomas de decisiones. Usando resonancias magnéticas, podían conocer sus procesos cerebrales minuto a minuto. Ganaban puntos por cada decisión tomada, y por el tiempo que se demoraban en ello.

Uno de los principales descubrimientos fue en cuanto a la materia blanca del cerebro. Esta es la que envía señales a través de impulsos nerviosos, por los que comunica las diversas áreas del cerebro. Acá se encontraron importantes diferencias.

Observaron que en aquellos individuos más arriesgados, los mensajes se transmitían de manera más eficiente. Y es porque tenían más de esta materia, en comparación con aquellos más dubitativos.

“Esperábamos encontrar que los hombres jóvenes, que invierten más tiempo considerando lo que van a hacer en una situación de riesgo, desarrollarían más redes neuronales en su cerebros que aquellos que tomaban decisiones más rápido y se arriesgaban. Esto ha sido documentado en estudios anteriores, pero nuestro proyecto reveló lo contrario”.

– Dafginn Hoe, Investigador de SINTEF.

Esto se debe a que estas personas buscarían más desafíos, desarrollando su curiosidad y otros aspectos que estimulan al cerebro. Esto se relacionaría con una mayor oxigenación del cerebro, y un flujo más veloz de la sangre que va hacia el cerebro.

“Los químicos del cerebro responden bajo ciertas condiciones, promoviendo los factores de crecimiento que contribuyen al desarrollo de redes neuronales más robustas. Esto crea la base de nuestras habilidades físicas y mentales. Si eres una persona que toma riesgos, debes tener ciertas habilidades. Y esas deben aprenderse. Lamentablemente, muchos fallan en este proceso de aprendizaje – con consecuencias trágicas. Así que nos aferramos a una inclinación Darwinística – que se requiere cabeza para tomar riesgos“.

Por una parte, tomar riesgo requiere optimismo y voluntad. Esto se contrapone con quienes ven el riesgo como un dilema, y piensan en todos los escenarios posibles, entre ellos, lo trágico. Todo esto es una diferencia a nivel cerebral, no de personalidad.

Tomar un riesgo confronta a la capacidad cerebral, al aprendizaje y desarrollo. Se requieren estímulos en nuestra mente para lograrlo, y sólo hay pocos que están dispuestos a ello. Eso requiere valentía e inteligencia, contrario a la creencia de que podría ser una decisión más apresurada, y menos pensada. Por lo que los arriesgados serían más acertados y rápidos en su pensamiento.

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