Por Emilia García
5 agosto, 2015

Ya no eres esa persona tímida, desesperada en búsqueda de aprobación.

Uno propone y el universo dispone, y eso es lo entretenido de la vida, que por más que planeemos un futuro, en el camino todo va cambiando.

De seguro todas soñamos alguna vez con las amigas de las películas. Esas literalmente incondicionales desde los 3 años e inseparables hasta la muerte. Esas que estaban en todo, esas con las que tienes todos tus recuerdos, esas que saben todo de tu vida y te conocen más que tú a ti misma. Pero la vida real no es como en las películas. No niego que muchas de nosotras tengamos una de esas amigas, pero la vida es difícil, es complicada, la rutina nos consume y es complejo mantener las relaciones siempre iguales.

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@dina_herbst

La vida cambia, las circunstancias también y con ello todo nuestro alrededor. La vida es como un tren, en el que las personas se van subiendo al comienzo, a la mitad o al final de tu viaje, así mismo como se van bajando. Y, como en las matemáticas, aquí el orden de los productos no altera el resultado. Quien se haya subido antes al tren no necesariamente debe ser la quede recorra contigo todo el viaje, de hecho, puede ser una de las primeras en bajarse.

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@simoseijas

Saliendo de la metáfora, lo que quiero decir es que las buenas amigas no solo se encuentran al inicio de nuestra vida o en la etapa escolar donde vamos 5 días a la semana al mismo lugar durante más de 7 horas, tenemos los mismos amigos y, casi, los mismos temas en común. No hay edad ni circunstancia perfecta para conocer a un alma gemela amistosa. De hecho, es mucho más sencillo crear una amistad cuando estamos todos en el mismo lugar, cuando estamos en la misma parada, cuando hay mucho tiempo libre, cuando hacemos las mismas cosas, cuando tenemos los mismos intereses; lo difícil es lograr crear una amistad cuando poco de eso es similar con otra persona, cuando ya tenemos nuestra personalidad formada, cuando ya tenemos una gran historia a cuestas.

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@kamiiza

Por lo mismo, las amistades que nacen una vez que ya crecimos, pueden ser de las más poderosas del mundo. Porque hay un lazo voluntario, hay amistad porque ambas partes quieren que la haya, no por ninguna otra circunstancia. Te conoces mucho más que cuando eras niña o joven, tienes una mejor idea de lo que quieres para tu vida, y no te rodearás de nadie que frene todo eso. Cuando ya eres grande, no tienes amigas por tener. Ya no eres esa persona tímida, desesperada en búsqueda de aprobación, en lugar de eso te sientes orgullosa de lo que eres, segura y confiada, sabes todo eso que puedes entregar y sabes que mereces todo eso que crees que mereces.

Porque cuando ya eres madura y la vida te da la oportunidad de una nueva amistad -algo que no siempre se da- solo prosperará algo sincero, algo en que ambas partes entreguen lo mejor de sí.

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