Por Alejandro Basulto
14 mayo, 2021

Durantes los ochos meses posteriores a su fallecimiento, extraer su lactancia para dárselo a otras mamás más necesitadas, le ha permitido reencontrarse con Ambrose, el pequeño que no pudo ver crecer.

Para muchas mujeres uno de los momentos más importantes de su vida es cuando dan a luz a un hijo. Para las mamás, es inolvidable el día en el que ven nacer desde su propio vientre a otra vida de la que ellas y/o su pareja tendrán que hacerse cargo de sus cuidados y crianza. Sin embargo, esa fecha, que posteriormente pasa a ser celebrada en emocionantes cumpleaños, lamentablemente, no siempre termina siendo sinónimo de felicidad. Como ocurrió con Alyssa Rae Brown, quien dio a luz a Ambrose, un bebé que nació muerto.

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Esta mujer de 27 años, de Ohio, Estados Unidos, se desempeña como profesora y previo a embarazarse de Ambrose, no tenía en sus planes tener hijos, ya que era muy feliz como madrastra de las hija de su esposo, Liliel y Jocelyn. Lo que cambió cuando descubrió que estaba embarazada después de un escaneo a las siete semanas. Pero los ánimos cambiaron cuando le realizaron una exploración de la anatomía del feto a las 22 semanas.

En esa ocasión, el ambiente era otro, mucho más silencioso y desesperanzador, escuchándose al técnico que revisaba su vientre susurrar “vamos bebé” mientras lo observaba.

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“Me habló sobre la columna, los brazos y las piernas del bebé, pero noté que estaba evitando la cabeza. Quería preguntar por qué, pero supongo que estaba asustado (…) Él dijo: ‘Bueno, tengo malas noticias sobre el bebé. No hay señales de un cráneo, lo que significa que cuando nazca, morirá'”

– contó Alyssa Rae Brown a Metro.co

El médico le explicó a esta joven madre que daría a luz a un niño, pero que él nacería muerto porque tenía anencefalia, lo que significaba que su cerebro y su médula espinal no se habían desarrollado correctamente, faltándole una gran parte del cráneo y del cerebro.

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Actualmente no hay tratamiento disponible y la mayoría de los bebés con anencefalia nacen muertos, mientras que lo que sobreviven al embarazo, mueren horas o con suerte unos días después. Sin embargo, tras ver a algunos especialistas, Alyssa dijo que quería que su hijo naciera vivo, para que su esposo, Tyler, pudiera abrazarlo.

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Fue entonces que ambos reservaron una cesárea a las 37 semana, para la que crearon una lista de deseos para su hijo y así crear recuerdos juntos. Pero Ambrose dejó de patear antes de tiempo, a principios de agosto del 2020.

“Él era normalmente muy activo y siempre tenía los dedos de los pies en mis costillas. Me dije a mí misma que estaba cansado pero, después de un par de horas, fuimos al hospital para una exploración y el técnico no pudo encontrar un latido”

– dijo Alyssa

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No les quedó más opción que quedarse en el hospital e inducir el parto. Naciendo Ambrose el 6 de agosto del 2020, luego de un parto de 48 horas. El bebé fue puesto en una cuna especialmente diseñada, donde las familia de la pareja pudieron venir a verlo, además de que Alyssa y Tyler pudieron pasar 36 horas con él. “Estaba tan enamorada. Tenía amor puro en mi corazón. Él era tan especial para mí”, dijo ella. Posteriormente lo incineraron cerca de la capilla donde se casaron y enviaron invitaciones a todos los familiares y amigos para hacer un homenaje para su hijo en el jardín de su casa.

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“La parte más difícil fue dejarlo en el hospital. Recuerdo tomar su mano por última vez y tratar de captar cada detalle de él, desde la parte posterior de las rodillas hasta la cara (…) Lo que me hizo darme cuenta de perder a Ambrose es que simplemente no sabes de qué lado de las estadísticas estarás”

– expresó Alyssa

En la actualidad, Alyssa está nuevamente embarazada. Tiene 14 semanas y sin complicaciones de salud detectables. Sabe que amará mucho a su hijo que viene en camino, pero también reconoce que nunca olvidará al niño que perdió. Por ello, en los siguientes ochos meses después de la muerte de Ambrose, decidió extraer más de 118 litros de leche materna de su cuerpo para donársela al Banco de Leche Materna, porque ella asegura que haciendo eso, le ayudó a sentirse más cerca de él y superar su pérdida.

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“Fue realmente egoísta de mi parte, no desinteresada. Donar mi leche fue una forma de sentirme cerca de Ambrose”

– confesaría Alyssa

Con su leche a ayudado a muchas madres necesitadas de este preciado líquido materno y al mismo tiempo le permitió seguir con su vida. Hasta estar hoy otra vez embarazada. “Ambrose siempre será parte de nuestra familia. Le contaré a su hermano sobre él (…) De hecho, el mayor temor de mi vida es no volver a escuchar su nombre en voz alta”, explicó esta mamá de 27 años, que siempre tendrá presente que es la madre de dos niños: uno que se fue y otro que vendrá.

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