Por Macarena Salvat
20 mayo, 2016

Me pregunto si algún día dejaré de intentarlo.

Desde pequeña siempre fui confiada. De hecho más de alguna vez me valió el regaño de otras personas que me decían que no confiara tanto en la gente. Pero para mí era simplemente imposible. ¿Cómo iba a pensar tan mal de todos? ¿Cómo iba a desconfiar de todo el mundo sin antes conocerlo? Para mí era absurdo desconfiar, juzgar y tener miedo. Pero al parecer era lo que siempre debí haber hecho.

No digo que tenga que andar por la vida desconfiando y juzgándolos a todos, en realidad es injusto. Sin embargo, si hubiese desconfiado un poco de ciertas personas, probablemente me habría ahorrado lágrimas y malos momentos. Probablemente ahora no estaría preguntándome si debo confiar o no en quienes conozco a diario. Probablemente no sentiría miedo de que me hicieran daño, pues eso es lo que te pasa cuando confías demasiado en las personas y no te detienes a pensar en que quizá no todos son tan bueno como sueles creer.

Me pregunto si algún día dejaré de confiar en la gente equivocada. Me pregunto si algún día dejaré de pensar que nadie se atrevería a hacerme daño. Me pregunto si algún día dejaré de intentar confiar a ojos cerrados, dándole una oportunidad a todos y perdonando, aunque no deba hacerlo.

Hoy me arrepiento, claro, pero ¿cómo puedo culparme de confiar, si es lo mínimo que se debe hacer cuando conoces a alguien? Lamentablemente la vida te enseña poco a poco que no todos son dignos de confiar, lamentablemente, pero a veces no tienes la destreza ni intuición necesarias para decir “no, no puedo confiar en esta persona”, y prefieres confiar. Y te equivocas. O quizá no.

Con todo lo que ha pasado, con todos quienes he confiado, y que me han dañado, he aprendido que a veces sí puede ser beneficioso no confiar de inmediato y poner ese pequeño escudo hasta que en realidad sientes que puedes abrir tu corazón. Es una manera de cuidarlo. Es una forma de curar una herida poniéndole una curita. Es una manera de evitar seguir dañándote a ti mismo por pensar que nadie querría hacerte daño.

Si vas a darle tu corazón a alguien, al menos date el tiempo de pensar si lo merece. Si vas a confiar en alguien, al menos analiza y piensa en si de verdad te hace sentir bien.

Evita que te dañen, lo menos posible.

No querrás arrepentirte después.

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