Por Cristofer García
5 noviembre, 2020

Aunque ha sido fuerte, Candice no se lamenta de dejar su natal Utah. “México me ha desafiado en maneras que nunca imaginé, pero no me arrepiento”, asegura.

Algunas personas toman medidas extremas por amor, otras incluso lo dejan todo atrás para aventurarse en una nueva vida junto su pareja amada. Ese es el caso de Candice, una estadounidense que decidió irse a vivir a México junto a su esposo, luego de que a este lo deportaran a su país de origen.

La guerita, como también la conocen gracias a las redes sociales, contó que no se arrepiente de su decisión, a pesar de haber dejado atrás toda una vida con más comodidades que las que lleva ahora en la pequeña localidad de Puebla, donde se estableció con su esposo Fidel y su familia.

@_laguerita70

“México me ha desafiado en maneras que nunca imaginé, pero no me arrepiento de estar en este país con mi esposo y nuestros dos hijos. Hice lo que es mejor para la familia; y mis hijos están creciendo felices junto a sus padres”, dijo Candice en conversación con La Opinión.

Candice, cuyo es un nombre falso porque prefirió no identificarse por medidas de seguridad, conoció a su actual esposo en 2007 luego de que saliera con una amiga y su novio, quien invitó a una cuarta persona: Fidel.

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“Me gustó mucho desde que lo vi. Tenía una bella sonrisa y era extremadamente guapo. Me impresionó con sus botas, su sombrero vaquero y su camioneta grande de color rojo”, relató.

“A partir de ahí, comenzamos a mandarnos textos en español. Yo había aprendido un poquito de español antes de conocerlo a través de escuchar conversaciones. Y cada noche usaba la aplicación gratuita Duolingo para comunicarme con él”, agregó.

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En menos de un año de novios ya estaba embarazada de su primer hijo. Diego nació en 2009 y se fueron a vivir juntos todos, en familia. Mientras él trabajaba 6 días a la semana, con poco descanso, y ella estudiaba y trabajaba, hasta graduarse en Justicia Criminal y Servicios Humanos.

Fidel llegó a Estados Unidos a los 17 años y vivió casi dos décadas en ese país como indocumentado. Era algo que preocupaba a la familia que nunca puso en riesgo su unión, porque su amor era más fuerte.

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“Todo el tiempo estaba preocupada de que lo fueran a detener cuando iba al trabajo”, dijo. Hasta que la pesadilla se hizo realidad.

Al salir del trabajo junto con un compañero un oficial les pidió identificación y ahí empezó todo lo que Fidel había evitado por años. “Mi esposo no les pudo dar ninguna identificación. El policía se lo llevó detenido, y contactó al Servicio de Migración y Aduanas”, recordó Candice.

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“Fue como si todo el aire del universo me lo hubieran arrebatado. No sabía qué hacer. La policía dijo que lo detuvieron porque pensaba que estaban robando las herramientas”, agregó.

Lograron casarse en 2016, antes de que lo llevaran a Migración y luego fuera deportado. “Cuando nos declararon marido y mujer no pudimos abrazarnos. Fue muy triste. La celebración del matrimonio fue a través de una pared de cristal”.

Estuvo casi un año bajo custodia de Migración en Utah. Por más que lucharon no lograron evitar la deportación, que terminó por ocurrir el 1 de agosto de 2017, cuando Fidel tenía 36 años.

No había pasado una semana cuando Candice fue hasta México para visitar a a su esposo por solo dos semanas. Sin embargo, cuando iba a tomar el vuelo de regreso, miró a su hijo llorando y decidió quedarse a vivir en el país azteca.

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“Nunca más quería ver a mi hijo con esa profunda mirada de tristeza”, expresó. En diciembre de ese año partió a México y aunque los primeros tiempos fueron difíciles, está a gusto con su decisión.

Sin embargo, sentían el alivio de poder formar su familia con tranquilidad sin tener que preocuparse por trámites migratorios. “No teníamos ya esa nube negra sobre nosotros”, manifestó.

Nada los separó.

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