Por Alejandro Basulto
12 junio, 2020

Después de recibirla siendo una destartalada cabaña, la pintó y arregló por tres décadas. Sin embargo, no la puede vender.

Sin duda cuando uno deja a una artista a cargo de un hogar muchas cosas pueden ocurrir. Porque su creatividad carece de limites, por lo que al momento de decorar la casa no se contendrá, pudiendo convertir una destartalada cabaña en una verdadera obra de arte. O en al menos una simpática y excéntrica casa de muñecas en tamaño real.

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Lo que hizo Mary Rose tras comprar un casa en 37.500 dólares estadounidenses, que se encontraba en el campo en Lydney, Gloucs, en Gran Bretaña. La adquirió en el año 1987, estando en ruinas, y después de pasar 30 años pintándola y decorándola con diferentes materiales artísticos, quiere venderla en 313 mil dólares. Sin embargo, no puede. Nadie la compra.

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Fue cuando llevaba más de 27 años en la casa, que decidió ponerla en el mercado en el 2014, solicitando la cooperación de unos agentes inmobiliarios para venderla y tasar su precio. Ellos le dijeron que su valor sería de al menos 250.000 libras esterlinas (313.000 dólares), pero a pesar de todo el cariño y esfuerzo que le puso a la decoración de su hogar, nadie se ha visto realmente interesado en ella.

La finalidad de la artista, Mary Rose, es venderla para posteriormente abrir un hotel boutique en las cercanías. Aunque no le ha ido bien, pudiendo los agentes inmobilarios solamente persuadir a una persona para que vea el inmueble. Mientras, ella y su familia, siguen atrapados ahí.

Puede que una de las razones de que le cueste tanto vender su casa, se deba al hecho de que con su notorio colorido y su parecido a una casa de muñecas en tamaño real, no ha entusiasmado mucho a los potenciales compradores. Sin embargo, Mary Rose se niega a perder el trabajo de toda su vida y a pintar encima c0n un color más neutro.

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Aún ama su espacio de trabajo y la galería que tiene para realizar y decorar con cerámica. Ahí también ha pasado mucho tiempos inolvidables con su esposo, Phil Butcher, un músico de 62 años. Así que borrar y dejar atrás todos esos recuerdos, es difícil.

«Hice esta casa alrededor de mi propia vida y no estaba pensando en que fuera vendible (…) Vivimos como dos niños en una casa de muñecas y, en retrospectiva, ¿por qué alguien más querría comprarla? Es como una casa de juegos para adultos (…) Pensé que podría ir a un coleccionista loco de mi trabajo que querría comprarla, pero nadie estaba interesado (…) Los agentes inmobiliarios estaban desesperados (…) Amo mi casa y la casa realmente funciona para mí. Soy una persona colorida e incluso tengo el cabello rosado. Me gusta cada vez más a medida que envejezco (…) Se convirtió en un proyecto muy divertido para mí al lado de mi negocio de alfarería y estaba tan entusiasmada que terminé descuidando mi cerámica a veces»

– dijo Mary Rose, según consigna LadBible.

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En un principio, cuando la compró, la pintó de blanco con la esperanza de hacerla más amena, pero después se dio cuenta que se veía más aburrida, para posteriormente pintarla con divertidos patrones que utiliza en sus coloridos diseños de cerámica. Hoy, al no poder abrir el hotel de sus sueños, se ha ido cada vez más acostumbrando a la idea de quedarse ahí. E incluso convirtió su patio en un área de pintura.

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