Por Felipe Costa
25 febrero, 2021

Yula es una fotógrafa profesional amante de la época medieval y cuando supo que había un castillo disponible para vivir, se mudo junto a su esposo, el único requisito era comprometerse a remodelarlo. La vida allí no fue fácil, por mucho tiempo pasaron frío, aprendieron a usar un pozo y a cocinar asando al fuego.

El siglo XV o también conocido como la era de los descubrimientos es recordada por muchos fanáticos con bastante romanticismo. Tanto los misterios como la forma de vivir en aquella época, atrae a aquellos apasionados por las costumbres medievales deseosos de revivir como sea posible aquellos tiempos. Una de de estas amantes es Yulia, quien consiguió irse a vivir a un castillo y se dio cuenta de que la vida allí sería más ruda de lo que pensaba, relata Bored panda.

Yula

Yula es una fotógrafa rusa con múltiples intereses. Estudió ingeniería mecánica, ama a los gatos y se siente atraída por experimentar cosas nuevas. Durante algunos años estuvo viviendo en Alemania, junto a su esposo y le llamó la atención saber que había un castillo disponible para habitar a cambio de trabajar en su remodelación.

El castillo contaba con 600 metros cuadrados, fue construido en 1482 y renovado en 1972. Su estructura permanecía intacta y aún conservaba bastantes aspectos propios de un inmueble de la Edad Media.

Yula

Yula se dio cuenta de la ruda realidad que le tocaría comenzar a vivir. El castillo era helado y no contaba con un fregadero ni con agua potable. Afuera había un pozo y lo inodoros debían enjuagarse con un balde. Tampoco había cocina moderna, por lo que en un principio las comidas eran absolutamente medievales, echando el pollo a cocinarse al fuego.

Yula

Por otro lado, las últimas renovaciones hechas fueron después de la primera y segunda guerra mundial, así que hubo cosas que hicieron más amena la primera estadía, como por ejemplo un avance en el sistema eléctrico. El lugar no contaba con alumbrado eléctrico, pero tenía un algunos enchufes que podrían servir, básicamente en la cocina.

Yula

Yula decidió que si se irían a quedar para renovar el lugar, lo harían los más completo posible. Lo primero sería poner un horno y un fregadero, con el deseo de tener agua, pero la construcción era tan medieval que no fue sencillo.

Yula

Los dos años que pasaron allí lograron poner ventanas, puertas, hacer un balcón grande, repararon la casa de vidrio pegada a la pared exterior, arreglaron la electricidad, instalaron una línea telefónica para tener Wifi y taparon todos los orificios por donde las ratas se paseaban, de seguro no querían repetir la época de peste que hubo en aquellos siglos.

Por el tiempo en que estuvieron en el castillo, no les fue posible renovar tan ambiciosamente. Al tratarse de un castillo, es parte de los monumentos nacionales y si se querían hacer cambios estructurales, como poner un sistema de agua potable en toda la casa, debían completar un trámite que llevaría años para recién ser aprobado. De todas maneras el arreglo hecho permite que una parte del castillo se pueda usar como un hotel para trabajadores remotos.

Yula

El día a día en aquel lugar lo sigue recordando con cariño. Tenía acceso para pescar peces y su experiencia en Rusia la ayudó bastante. Sus gatos también podían disfrutar, investigando el lugar y sentándose por horas frente a la chimenea. Los inviernos eran bastante fríos por lo que era casi el único refugio que tenían todos, especialmente cuando nevaba.

Yula

La vida en el castillo le permitió aprender muchas cosas, como por ejemplo tomarle mayor valor a lo que consideramos como primera necesidad, no dar por sentado que siempre tendremos comida o agua potable, al igual que un lugar cálido donde vivir.

Yula
Yula

Una de sus partes favoritas era la casa de cristal que conectaba con una de las habitaciones, ésta daba con vista a pleno bosque y por las mañanas impresionaba con la maravillosa vista de la naturaleza. Asegura que los atardeceres eran mágicos y pasear por los árboles la hacía devolverse al pasado.

Yula

Yula no cree haber vivido una mala experiencia, sus dos años allí son inolvidables y solo lamenta que sus proyectos personales no hayan sido compatibles con el castillo. Hoy vive junto a su esposo en España, donde colabora en algunos proyectos informáticos y realiza fotografía privada.

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