A Melissa Willey tenía 16 años la asesinaron, y varios medios vincularon el crimen con el supuesto “amor” de su agresor. El amor no grita, no daña, ni golpea. Las cosas como son.

“La mató por amor”, “Los celos la mataron”, “mujeres mueren o fallecen a manos de sus maridos”, son algunos de los titulares que posiblemente harán sangrar tus oídos, tus ojos. Los medios de comunicación juegan un importante papel en el desarrollo de las creencias, el entorno cultural y la visión del mundo de los seres humanos que habitan el planeta. Por esta razón no podemos seguir perpetuando violencia, debemos decir las cosas como son.

El léxico es relevante porque construye la forma en que las personas entienden el mundo. El lenguaje es poderoso y la forma en que decimos las cosas también; por eso duele que los medios de comunicación hoy en día sigan viralizando y normalizando situaciones que solo ejercen poder, jerarquía y violencia.

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Hace algunos días, Melissa Willey (16) recibió un disparo en la cabeza por parte de un chico en una escuela en Maryland. Dos días después la joven murió. La agencia Associated Press decidió identificar al asesino como un “Love sick teenager” – que en español sería Adolescente loco de amor– y otros medios como Daily Mail, ABC News, Time, MSN replicaron las palabras del medio.

Los medios de comunicación en general, han utilizado un lenguaje bastante errático al describir hechos de violencia entre una pareja. Este hecho ocurrido en Estados Unidos muestra cómo un asesino es descrito como “adolescente loco de amor”. Dejando de lado el abuso y el femicidio que sufrió esta chica.

Estos medios utilizaron la palabra “amor” para referirse a un hecho de extrema violencia. Vincularon el amor con la locura de un asesino que acabó con la vida de una joven llena de sueños.

Las mujeres no mueren en los brazos de sus parejas. A ellas las matan.

El 35% de las mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de sus parejas según cifras entregadas por la ONU Mujeres, por eso es tremendamente importante prestar atención al lenguaje que todos en general empleamos a la hora de informar a la comunidad.

Hay que dejar de emplear un lenguaje que revictimice a quienes sufren de violencia por parte de sus parejas, ex parejas, o lo que sea en su vida. Dejar de lado el léxico que siembre la duda entre quién es la víctima y su agresor. Cuando hay violencia de género, se debe ser lo más claro posible con el mensaje que se quiere entregar.

Por años diferentes países de Latinoamérica clasificaban la violencia en una pareja como “violencia doméstica”, algunos diarios titulaban “la mató por amor”, “Juez condena a 50 años de prisión a estudiante estrella que descuartizó a jovencita”, “Ramón Lazo, el psicópata que mató por amor”. “Beatriz envalentonada por el alcohol no midió las consecuencias de su declaración”.

Todo esto es violencia doméstica y son algunos ejemplos de cómo el uso del lenguaje puede cambiar el mundo.

A nadie lo matan por amor, el amor no grita, no daña, ni golpea.

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¿Qué se está haciendo contra esto?

La Correctora es un proyecto de 2 jóvenes arquitectas mexicanas que tienen más de 70 mil seguidores en Facebook. Ambas se propusieron dejar en evidencia el machismo y la violencia de género que se ve en los titulares de los principales medios de comunicación del mundo.

La correctora

Como ellas dicen, hay que llamar las cosas por su nombre.

No naturalicemos la violencia de género. No mezclemos peras con manzanas, por favor.

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