Por Jessica Balseca
13 mayo, 2016

Cada día cuenta.

A algunos nos pasa que no todo nos da lo mismo. Somos más sensibles a ciertas cosas, en especial a esas a las que al común de la gente le es indiferente. Son pequeñas cosas sí, pero para nosotros marcan una diferencia en nuestro día a día. No es lo mismo llegar 5 minutos antes, que llegar 5 minutos después. No es lo mismo un café recién hecho, que un café que leva días sin servirse. No es lo mismo amar intensamente, que amar a medias.

Todo cuenta y todo vale en este mundo. Cada cosa que hacemos y vivimos nos puede cambiar la realidad instantáneamente. Por eso habemos personas capaces de exagerar en los pequeños detalles y en los no tan pequeños. Porque vemos la vida con otros ojos, porque sentimos que nada se puede desperdiciar, ni el tiempo, ni la vida, ni el amor.

Porque cada minuto cuenta, porque cada palabra vale. Porque nos es necesario sentir que lo que hacemos tiene repercusión en otros.

A nosotros los que somos intensos a la hora vivir, de amar, de llorar, de reír. A nosotros los intensos, a los que todo el mundo condena por el simple hecho de sentir todo más. A nosotros para quienes la vida tiene más tonos y colores. A nosotros los intensos nos encanta sentir que cada minúsculo detalle es importante y no nos importa si nos entienden o no.

A nosotros nos gusta la intensidad de vivir así y lo haremos siempre.

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