Por Valentinne Rudolphy
24 agosto, 2015

No quiero guardarme las cosas simplemente por parecer más agradable.

Hay quienes prefieren ser cautelosos y extremadamente sensibles en la manera que hablan con quienes les atraen, o quienes son sus parejas. Está bien hasta cierto punto. Si es natural, genial, pero cuando te estás controlando y te vas ahogando poco a poco en tu mente solo para poder no ser demasiado ruda con la otra persona. Pero realmente, existe un límite. Y por más que a veces no sea lo que al resto le gusta, la honestidad es siempre la mejor carta.

¿Por qué no habríamos de decir lo que pensamos? ¿Por agradar? La idea de enfrentarte a un proceso de conquista con alguien es que seas tú misma. Sino, todo se vuelve como el maquillaje cuando abusas de él, y luego te ven sin este: el panorama cambia demasiado, por decirlo menos.

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@vanellimelli.

No me avergüenza decirle a nadie lo que siento al respecto de él, o de una situación. No debería ser así. Pues si algo he aprendido con el tiempo es que, primero, es mejor pensar lo que uno dice y simplemente hacerlo con la mayor sensatez posible, sino luego vas a explotar; segundo, que cuando de relaciones se trata, a nadie le agradan las mentiras u omisiones, por más mínimas que sean, son incómodas.

Creo que no deberíamos adaptarnos a tener miedo sobre alguna actitud o dicho, o por ejemplo, si ya quieres saber qué rumbo están tomando las cosas en esta relación. Es darse muchos rodeos que, al menos yo, hoy prefiero ahorrar, igual que la vergüenza de estar suponiendo. Me quito el pudor, y prefiero ser lo más directa posible. Claro, pensando lo que digo antes de que salga de mi boca.

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Jota Esse.

Al final, todo se trata de, más que censurarse, tener filtro y saber qué es lo que estás diciendo y la manera en que lo haces. Siempre es un riesgo hablar desde tu corazón, pero si no lo haces, ¿cuál es el punto de estar siquiera intentando salir con esta persona?

Decir lo que pienso se siente mejor. Si las cosas salen mal, al menos desahogaste lo que tenías adentro: te atreviste a pedirle que salieran, le dijiste que no te gustaba cierta actitud, qué sé yo. Hay muchas posibilidades. Con una frase no cambiaremos al mundo, pero al menos, no seguirás acumulando cosas en tu corazón.

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