Por Javiera Spröhnle
15 marzo, 2017

«Trabaja en lo que amas y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida»… Mentira.

Hace algunos años, cuando todavía estaba en la escuela, me puse a buscar alguna disciplina deportiva entretenida, para pasar mi tiempo libre. Así llegué al Pole Dance, un estilo de baile y deporte muy completo y moderno que pronto me enamoró. 

El grupo de amigas que me hice en el salón, eran lo máximo. Cada jornada estaba llena de risas y el desafío de aprender algo nuevo era genial. Así pasaron dos años y realmente no me perdía ninguna clase. Recuerdo que a veces deseaba pasar todo el día ahí, despejándome, relajada y disfrutando.

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Entré a la universidad y dejé de practicar Pole Dance, pues los estudios me demandaban demasiado tiempo. Pero, apenas un año después, sentí la necesidad de volver. Me inscribí en una academia donde me ofrecieron certificarme como instructora. Temerosa, acepté; me gustaba el desafío.

Pasaron los meses y mientras yo preparaba mi examen de certificación dos chicas me pidieron que les hiciera clases. Pensé: ¿por qué no? definí un precio y empezamos una nueva aventura.

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De eso han pasado ya tres años y ya tengo más de 20 alumnas. Debo decir que ha sido todo un viaje en el que he aprendido muchísimo. Levantar tu propio emprendimiento es un desafío, pero también un gran orgullo cuando ves que funciona y que a tus clientas les gusta lo que haces. Me he encariñado con cada una de mis alumnas y la verdad es que a muchas las considero mis amigas.

Pero… jamás volví a practicar Pole Dance para relajarme, despejarme y disfrutar. Si tomo clases es para seguir profesionalizándome y dándole a mis alumnas un servicio de mejor calidad. Busqué otras disciplinas, porque el Pole Dance ya no era mi paréntesis en la rutina, ahora es mi trabajo.

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Me enamoré de la disciplina y cumplí el sueño de dedicarme a eso que amaba y me hacía bien. Más de alguna vez escuché el dicho «dedícate a lo que amas y no tendrás que trabajar jamás», pero descubrí que eso no es tan cierto. No convertí mi trabajo en un sueño, sino que mi sueño en un trabajo y lamentablemente ya nunca lo pude disfrutar como lo hacía hace 4 años atrás.

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Este es mi consejo: busca siempre un trabajo y profesión que te hagan sentido, que de una u otra forma te gusten y te den ganas de levantarte en la mañana a ejercerlo (ser feliz en tu trabajo es fundamental). Pero, jamás, en serio, jamás conviertas aquello que te inspira, relaja y saca de la rutina, en parte de tus obligaciones… déjalo así, tuyo, privado y único.

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