Por Macarena Salvat
23 mayo, 2016

Dicen que mientras menos busques lo que quieres, más pronto aparecerá.

Ya estoy acostumbrada. Siempre he tenido esa manía de controlarlo todo. De forzar a que las cosas pasen. De buscar hasta el cansancio que algo me resulte y luego, cuando algo sale mal, me derrumbo y hasta pierdo las ganas. Siempre he querido tomar las riendas y manejar las cosas a mi modo, pero hoy en día he podido darme cuenta de que quizá no siempre debes forzarlo todo y a veces es mejor que las cosas fluyan por sí solas, pues pueden sorprenderte y mostrarte una perspectiva mucho mejor de la que esperabas.

Y así lo estoy intentando. Estoy intentando dejar que las cosas pasen, que simplemente fluyan. Que lo que tiene que llegar a mí, llegue. Que l0 que está destinado a entrar a mi vida, lo haga. Estoy aprendiendo a no forzar las cosas ni tampoco a exigirme demasiado cuando no todo anda bien. Estoy aprendiendo a no castigarme ni ser demasiado dura conmigo cuando aquello por lo que luché no funcionó. Estoy aprendiendo a escucharme más, a estar más en contacto con mi alma y con mis sueños, que con aquellas cosas que quiero simplemente por presión de otros.

Prefiero dejar que las cosas fluyan por sí solas, porque creo que puede ser mejor. Prefiero dejar de leer entre líneas, de darle espacio y oportunidades a cosas o personas que no lo merecen. Prefiero dejar de lado aquellas relaciones y amistades forzadas, porque ya no quiero seguir luchando sola y esperando que las cosas algún día salgan bien. Prefiero dejar de lado esa idea de que podré lograrlo todo, pues sólo provoca que sea demasiado dura conmigo y hasta me culpe de cuando las cosas no funcionan.

Prefiero equivocarme. Conocer cada paso que doy sin adelantarme ni hacer trampas, porque, ¿qué tiene de malo caer y levantarse? ¿Qué tiene de malo cometer errores y aprender de ellos? Nada, porque a veces necesitas caer para poder volar con más fuerza y dejar que el viento te guíe hacia lo que quieres.

No trates de forzar demasiado las cosas para que funcionen, en lugar de eso deja que fluyan y sigan su curso. Aprende a mirar la vida como es. Aprende a descubrirte a ti mismo, a respetarte y no obligarte a nada.

Mírate, compréndete incluso en los peores momentos, porque todos tenemos derecho a equivocarnos.

Todos tenemos derecho a descubrir la vida poco a poco.

Todos tenemos derecho a dejar que la vida nos mueva, en lugar de simplemente frenarla.

Además, la vida no se mide por las veces que respiras, si no por los momentos que te dejan sin aliento. 

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