Por Andrea Araya Moya
20 noviembre, 2015

Porque la cantidad no siempre es sinónimo de calidad.

Prefiero mantener a las personas tóxicas afuera. Jamás me ha gustado tener dentro de mi círculo cercano a personas que, en realidad, no aportan nada bueno en mi vida. Personas deshonestas, engreídas, soberbias, o simplemente no tan buenas. Claramente, en un comienzo siempre perdoné y acepté que no todos somos perfectos, pero lo cierto es que tener tantos amigos no era algo que me hiciera completamente feliz. Sobre todo porque a veces sentía que era sólo «por rellenar» y era sólo imágenes falsas de una amistad que parecía no existir.

Después, la cantidad de amigos que comencé a tener se redujo considerablemente. O se marchaban o simplemente mostraban su verdadera personalidad. A veces lamento haber tenido que pasar por eso, confiar tanto en personas que no lo merecían y que no había alcanzado a conocer bien. Y era parte de los años. De vivir. De crecer, madurar y de entender cómo funciona la vida. Y, parte de todo ese proceso, contempla ir perdiendo amigos durante el camino.

No soy una persona de muchos amigos. Prefiero tener un buen amigo que mil amigos malos, pues creo que teniendo tantas amistades jamás puedes saber cuál de todas ellas es realmente verdadera. Si puedes confiar plenamente en todos, y si la distancia afectará a la amistad si no nos vemos en un tiempo.

Debo decir que tengo la dicha de tener pocos buenos amigos. Sí, quizá hace días, o semanas, no los he visto, pero tengo claro que la amistad siempre será tan fuerte como siempre y que la distancia jamás será algo que nos separe, pues existe algo mucho más importante que la cantidad de kilómetros que existan de por medio. Cuando una amistad es verdadera nada impide que crezca y se fortalezca. Nada, porque tiene ese lazo potente que no se rompe con nada y que sólo existe cuando tienes esos amigos incondicionales que han estado contigo en todas, pase lo que pase.

La cantidad no siempre es sinónimo de calidad. Y tener millones de amigos no significa ser exitoso. Prefiero una charla profunda y enriquecedora con un amigo, que una exposición superficial frente a miles de amigos que quizá ni siquiera vayan a estar conmigo cuando quiera celebrar mi cumpleaños.

Porque los buenos amigos están en todas, y no importa si son uno o dos. La amistad es lo que vale e importa.

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