Por Kat Gallardo
9 Agosto, 2017

Ni carro, ni autobús ni bicicleta. Su medida fue más drástica.

Benjamin David se cansó del tráfico, las bocinas, peleas, semáforos y aglomeración de gente que debía soportar cada mañana antes de ir al trabajo. Así que un día tomó una drástica decisión: agarró su computadora, ropa y zapatos, los empacó en una bolsa impermeable y se lanzó al río. Su intención no era morir, sino que tomar una ruta mucho más efectiva, nadando.

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David vive en Múnich, al sur de Alemania. Su transporte favorito, sobre todo en los meses de verano, es su propio cuerpo, el que arroja cada mañana al cauce del río Isar para recorrer los 2 kilómetros que lo separan de su oficina.

Podrán pensar que es impulsivo, pero es todo lo contrario. Es un hombre precavido. Antes de salir, David se informa sobre la temperatura y observa la corriente del torrente que atraviesa la ciudad, para decidir qué tipo de traje de baño se pone.

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Su hazaña, no está exenta de risas por parte de sus vecinos y compañeros de trabajo, quienes lo saludan cuando lo ven en el río.

“Mis compañeros se ríen cuando me ven pidiendo un cappuccino en la mañana, vestido con mi traje de baño. Pero aún así algunos de ellos ya me han acompañado, para saber cómo es la experiencia”, cuenta David.

¿Existirá alguien capaz de imitarlo?

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