«No llores por favor. Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás», quizás esta frase te suene familiar.

La frase completa, que quedó en lo más profundo de mi subconsciente, al ver la película Coco – que me hizo llorar un montón- dice lo siguiente: «Recuérdame. No llores por favor. te llevo en mi corazón y cerca me tendrás». Gran parte de los seres humanos han tenido que sobrellevar la pérdida de un ser querido. Cady Siregar, una escritora de música y cultura, ha contado su testimonio de cómo es vivir inmersa en la cultura de los fantasmas en Asia. Este es parte de su testimonio para el sitio web Vice

«Después de que mi tía Gita murió, su espíritu vino a cuidar a mi familia. Aprendí cómo los fantasmas pueden ayudar a sanar el duelo».

Esta es Cady Siregar y su tía:

Cady Siregar y su tía Gita/Cady Siregar

Hace un año en Yakarta, Indonesia, Gita, la tía de Cady Siregar dio su último suspiro. Explica en su testimonio, que cuando sucedió su inesperada partida, Maroon 5, su banda favorita, no dejaba de sonar en ninguna parte. «She Will Be Loved» cuando pasábamos cerca; Songs About Jane fue la única selección de canciones disponibles en karaoke; y en la estación de radio que escogimos al azar, sonaron tanto «Misery» como «Payphone». Explica Siregar.

Tal como explica la escritora, en Indonesia, de donde son sus familiares,  la presencia de espíritus es llamada Ruh, es parte de sus vidas, aunque las creencias de estos seres, varía según la región: En las zonas rurales de Java, por ejemplo, tienen la creencia que  los espíritus hindúes, las almas de los profetas musulmanes y aquellas que son de los aldeanos locales, pacíficamente coexisten juntas. 

En Indonesia, se cree que la existencia de los fantasmas y seres sobrenaturales, asociados específicamente a las poblaciones musulmanas malayas. Estas creencias, tal como explican en el libro Malay Muslims: The History and Challenge of Resurgent Islam in Southeast Asia – La historia y el desafío del resurgimiento del Islam en el Sudeste asiático en español, de Robert Day,  estas creencias provienen de los sistemas preinslámicos.

«Mi mamá, Antin, frecuentemente experimenta parálisis del sueño. Ella cree que se debe a que su difunta abuela la visitó. ‘Siento un fuerte peso presionándome’, dice. Por lo general, sucede en la mitad de la noche: no hay nada físicamente allí, pero me cuesta respirar. Se siente como si alguien estuviera sentado en mi caja torácica. Nunca podré verla, pero sé que es Oma (su abuela)».

«Ella nunca se siente malévola», continúa mi mamá. «Ella no hace nada dañino, a excepción de la presión sobre mi pecho. Pero es como si estuviera ahí para ver cómo estoy», prosigue Siregar, explicando lo que sentía su madre, ante una presencia de algún ser paranormal. 

 

Cady Siregar y su madre cuando pequeña/ Cady Siregar

Cady Sirecar dice, que cuando su tía murió, Iwan, el conductor de sus abuelos, se quejó de la sensación de estar siendo observado por una presencia metafísica.

«En mi experiencia, los espíritus indonesios son en su mayoría presencias benignas y protectoras, son los espíritus de seres queridos, que quedan atrás para guiar a los vivos. No toman una forma corpórea, sino que vienen a ti como una sensación innata de estar unidos por un aura de otro mundo. Mi mamá, mis abuelos y mis primos siempre han sido receptivos a ruh».

Si bien las creencias extendidas en las naciones donde mayoritariamente son musulmanes, la autora explica que las tradiciones culturales, dependen de cada país y la forma en que la población trata a los fantasmas. «En Malasia, Tailandia y Filipinas también creen en ruh. Pero la diferencia entre su comprensión del mismo y la de Indonesia radica en sus prácticas contrastadas y la asimilación de espíritus locales, demonios, magias, totems, entre otras cosas», explica.

Para su familia, la muerte de Gita (en la foto) fue una sorpresa/ Cady Siregar

La muerte de su tía Gita, fue una situación inesperada para la familia de esta escritora. Por eso afirma que la creencia del ruh, le trajo consuelo a la familia después de la pérdida.

«Después de su muerte, mi prima Jade, de 23 años, me dijo que sentía que le estaban haciendo cosquillas mientras dormía. ‘Es solo esta extraña sensación de toques en el estómago por la noche’, dijo. ‘Sé que es ella’. Los hermanos de Jade, Ryan, de 19 años, y Geo, de 21 años, también lo sintieron. ‘Esa debe ser mamá’, me dijeron ambos».

Si bien, parte de sus familiares sí se conectaron con su tía, ella no lo ha podido hacer. Eso, hizo que quisiera obtener respuestas acerca de esta creencia milenaria.

Sus abuelos, la madre de Cady, y ella siendo un bebé/ Cady Siregar

«¿Será que mis familiares usan la creencia en ruh como una forma de lidiar con su muerte? ¿Su fe en los espíritus es una señal de que son incapaces de seguir adelante?», se preguntó. Por esto, decidió buscar alguna respuesta hacia sus interrogantes: para esto, conversó con  la Dra. Risatianti Kolopaking, profesora de psicología en la Universidad Islámica del Estado Syarif Hidayatullah en Yakarta, para preguntarle acerca de cómo la creencia en ruh puede afectar la forma en que lloramos a los muertos.

La especialista le explicó lo siguiente:

«Elegir, aunque conscientemente, comunicarse con el espíritu del difunto es en realidad un comportamiento de afrontamiento saludable«, dice, al explicar una investigación que muestra que las técnicas religiosas de afrontamiento pueden ayudar a mitigar los síntomas de la depresión. Otros estudios han sugerido que las enseñanzas islámicas pueden ayudar a los musulmanes a lidiar con eventos trágicos en sus vidas. «Significa que han aceptado que la forma física de la persona se ha ido, lo que los lleva a recurrir a una conexión espiritual. Hablarle a los espíritus no es negación; es una manera tranquilizante de llegar a un acuerdo».

Ella, junto a su madre, Tia Gira y su prima/Cady Siregar

Ella continúa su relato, contando que su mamá, íntimamente se comunica con su hermana, en sus sueños. Pero que esto ocurría más a menudo, en los primeros meses tras su fallecimiento, y que actualmente son menos frecuentes. 

«Las últimas veces que la vi, vino a mí con esta sensación de paz. Una sensación de serenidad. Ella está a gusto. Me siento mejor sabiendo eso», dice Sady Siregar, sobre lo que su madre le confesó en la parte final de su relato.

Puedes leer el testimonio completo de esta chica, en el siguiente link.

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