Por Camila Cáceres
17 febrero, 2017

“Mi padre era un sacerdote católico que nunca dejó la vocación y trabajaba como profesor en una universidad católica. Tuvo una corta relación…”

Todos tenemos cosas en casa que no nos gustaría que viera cualquiera, sin importar si se trata algo simplemente vergonzoso un animal de felpa a los 40 o una torre hasta el techo de revistas pornográficas— o algunas cosas peores. Pero no mucha gente considera el hecho de que cuando te mueras, alguien tendrá la penosa tarea de revisar tus cosas. 7 personas que estuvieron en esa triste posición revelaron en Quora lo que encontraron en casa de sus padres y nunca podrán olvidar.

1. Cardinal Robbins descubrió la verdad sobre el nivel del alcoholismo de su padre

“Botellas de licor. Probablemente al menos 300 de ellas, si no más, escondidas en las paredes, porque mi madre empezó a remodelar la casa de mi padre y él era un alcohólico. La mayoría de las etiquetas se había deteriorado, pero eran casi idénticas en forma y tamaño. Cuando pasó a tomar Jim Bean y un six-pack de Schlitz por día, tuvo que encontrar nuevas formas de deshacerse de las botellas”.


2. Katelyn Robertson descubrió que su abuelo no era como ella pensaba

“Mi abuelo era un hombre serio, un perfecto caballero, por lo que nos sorprendidos cuando encontramos:

  • Una torre gigante de revistas sucias de los años 70.
  • Un guarda-pene de crochet. No estamos seguros porqué, probablemente un regalo de broma de mi abuela (eso esperamos).
  • En casi cada bolsillo de las ropas en su closet había marihuana. Pequeñas bolsas de marihuana, de diferentes antigüedades. Algunas habían estado allí décadas, otras eran más recientes. 30-40 bolsas llenas.
  • En un cuarto había un ropero lleno de torres y torres de dinero. Grandes paquetes por de 100 dólares, todos en línea”.

3. Melanie Knotter encontró evidencia de que su madre llevaba mucho tiempo planeando su muerte

“Mi primer teléfono móvil. Y el de mi hermano.

Su cama estaba en el living, junto a una ventana. Había comprado regalos para mí y para mi hermano, y estaban muy ordenados allí encima. Una mitad eran regalos para mí y los otros para mi hermano.

Habían dos sobres. Uno de los sobres tenía tarjetas dentro. Allí estaba su último mensaje para nosotros.

El teléfono era uno de los regalos. Mi hermano y yo recibimos el mismo tipo, con tarjetas cargadas con dinero, como decía en su carta de suicidio.

Pero el dinero pre-cargado sólo dura tanto tiempo. Las tarjetas SIM duran mucho más sin uso. Ambos había expirado por estar inactivas demasiado tiempo.

Esa es la cantidad de tiempo que llevaba planeando su suicidio”.


4. Ann Silberman descubrió que su padre nunca estaba demasiado lejos de su “medicina”

“No sé qué tan raro es esto, pero mi papá tenía botellas de píldoras que le ayudaban a tener erecciones por toda la casa, en cajones por todas partes: El living, la cocina, los cuartos (no condones, eso sí). Lo productos no eran Viagra, sino cosas naturales. Mi papá estaba en sus 80 y murió de un infarto, así que me alegra que prefiriera los productos naturales al Viagra o lo hubiésemos perdido antes. La parte extraña (para mí) no era el producto tanto como los lugares y cuántas eran. Fue como si no hubiese querido estar jamás a más que pasos de una de ellas. :)”


5. El hermano de Judy Riley encontró una nueva y exitosa carrera

“No acerca de mí o la casa de mis padres. Mi hermano y su amigo fueron contratados para limpiar la casa de un anciano tras su muerte. Les dijeron que quedaba poco de valor y que podían quedarse con lo que quisieran. Tal cual, no había mucho en la casa, algunas tarjetas de beisbol viejas y una silla muy antigua que el nieto del hombre no quería. Entonces llegaron al ático, donde el nieto claramente jamás había entrado, y tras las cajas de ornamentos navideños y álbumes de fotos, encontraron una vieja cuna que fue avaluada en 1000 dólares en 1970 y una caja fuerte que contenía dinero de principios del 1900 y oro y plata. En total, contenía unos 30 mil dólares pero porque estaba en buen estado y no había circulado por 50 años, valía aún más. Los adolescentes hicieron lo correcto y contactaron al nieto y le dijeron. A él no le importó, dijo que no quería tener nada más que ver con su abuelo y que podían quemarlo todo para lo que a él le importaba.

Bueno, no lo quemaron, pero se quedaron con las monedas y donaron el oro, la plata y el dinero a una caridad que ayudaba a la gente tras incendios, mayormente porque sus madres los obligaron a donar al menos parte del dinero. Aparentemente, una vez cambiados estos objetos, el dinero fue suficiente para construir dos casas para personas que lo habían perdido todo y en las que trabajaron mi hermano y su amigo. También es la razón por la que mi hermano acabó trabajando como carpintero de piezas exclusivas para los ricos y famosos que viven en Alberta”.


6. Adrienne Dawn Lawrence se enteró de la verdad sobre su padre

“Encontré cartas de amor a diferentes mujeres.

Mi padre era un sacerdote católico que nunca dejó la vocación y trabajaba como profesor en una universidad católica. Tuvo una corta relación intelectual (nunca romántica, pero con sexo ocasional… obviamente) con mi madre, una estudiante suya. Estaba en sus 50 cuando nací y tuvo al menos una docena de romances con mujeres desde sus 20. Sin embargo, alrededor de la época en que nací se detuvieron las relaciones y las cartas. Yo sabía que era un sacerdote (aunque nadie en su vida supo sobre mí hasta que murió), pero nunca me di cuenta cuantas mujeres habían en su vida hasta que encontré las cartas en un viejo baúl.

Fue muy triste leerlas, pero me ayudó a entenderlo mejor. Era un hombre complicado que jamás le dijo a nadie la verdad sobre él (típico de los mentirosos y narcisistas patológicos). Creo que puede haberle importado una mujer en particular. Sus cartas duraron la mayor cantidad de tiempo y viajaron juntos al menos una vez, un viaje a México. El tono de su carta era el más personal ya que tenía un sobrenombre para él. Sus cartas eran las más recientes de la pila y paraban poco antes de que yo naciera”.


7. Ian Halliday descubrió el secreto mejor guardado por su madre

“Mi madre dejó tras ella muchas cosas extrañas, pero la más sorprendente fue el certificado de matrimonio de sus padres (mis abuelos).

Ella siempre habló de sus padres como una pareja realmente virtuosa y tenía mucho que decir acerca de la gente que tenía relaciones antes de casarse, nada bueno. Y aún así, ahí estaba en blanco y negro: Sus padres se habían casado en Mayo de 1926, no 1925 como siempre había insistido. Fue a la tumba o bien ignorante o en negación. Nació en Octubre de 1926″.

¿Tienes algo que preferirías que nadie viera jamás?