Por Alejandro Basulto
13 febrero, 2020

Durante 88 años se ha puesto siempre su boina verde y su uniforme. La promesa scout nunca se rompe.

A sus 98 años, Veronica «Ronnie» Backenstoe sigue siendo una orgullosa «niña scout». No hay año en que no cumpla con su tradición preferida: vender galletas de scouts. Lo disfruta, como parte de una actividad que le ha acompañado en sus últimos 88 años. En los que esta anciana estadounidense, vivió el desplome de Wall Street, dos guerras mundiales, la Guerra Fría, entre tantos otros hechos históricos, en los que ella puede decir que fue una testigo más.

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Aún a sus casi 100 años, esta anciana se sigue poniendo siempre su boina verde y su uniforme de chica scout, para ponerse a vender cajas de Thin Mints, Caramel deLites y Tagalongs. Tal vez tendrá muchos años por sobre sus compañeras de tropa, pero sin duda la energía y el empeño que le pone, no tiene comparación.

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Hace poco nomás, en conjunto con la tropa #1814, estuvo vendiendo galletas en la comunidad de jubilados Phoebe Berks, en Wernersville, Pennsylvania, donde ella vive. Como parte de una práctica que la lleva realizando desde que tenía 10 años, en 1932, mismo año en la que la Gran Depresión estaba en su apogeo y también misma época en la que Hitler ya establecía su dictadura.

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«Me convertí en Girl Scout en 1932 (…)  Le dije: ‘¿Cuándo puedo ser una Girl Scout?’ Mi madre dijo: ‘Cuando tengas 10 años’, así que cuando tenía 10 años, ¡estaba lista para partir! (…) Creo que fue parte importante de la vida, y eso es lo que realmente es ser una ‘chica explorada’, te enseña cómo vivir»

– contó Ronnie a WFMZ.

Ser una «niña scout» conllevó que Ronnie recorriera todo el mundo. Y siendo maestra exploradora, viajó a Jamaica y a Suiza con su tropa. No solo destacando por cierto debido a sus habilidades en la venta de galletas, sino que también ha mostrado ser talentosa en la música, lo que estudió, y sabiendo tocar el órgano, el piano, el clarinete y la trompeta.

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Mientras a muchos nos cuesta levantarnos todas la mañanas, ella conduce su «carrito de golf» por su comunidad de jubilados, vendiendo sus galletitas de chica scout, siendo sus favoritas las de mantequilla de maní.

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