Por Andrea Araya Moya
15 febrero, 2016

Quiero agradecerle por dedicar su vida a educar a las personas.

Creo que a lo largo de la vida hay personas que te marcan. Personas que dejan huella y que tienen cierto nivel de influencia en la formación de la persona en la que te conviertes. Hay amigos, parejas, padres y familiares, pero, sin duda, quienes ayudan a formarte a lo largo de la vida (además de tus padres), son esos profesores que, a diario, se esfuerzan por entregarte las herramientas necesarias para que aprendas de la vida.

Claro, en el camino te encuentras con educadores que quizá no tienen la vocación necesaria. Sin embargo, sí existen aquellos que trabajan diariamente para enseñarte lo que debes saber, y es precisamente a ellos a quienes hoy quiero agradecerle.

Quiero agradecerle a ese profesor que vio el talento en un alumno y usó todos sus esfuerzos y herramientas para potenciar aún más su inteligencia. A ese profesor que no descansó hasta que todos sus pupilos aprendieran por igual y se fueran orgullosos de lo logrado a sus casas. A ese profesor que también fue guía, que dio una palabra de aliento, que entregó un sabio consejo que puede haberle cambiado la vida a alguien.

Quiero agradecerle a ese profesor que creyó en mí. Que siempre me dijo que valía mucho y que tenía que saber demostrárselo al mundo, porque era más inteligente de lo que yo creía. Quiero agradecerle por desafiarme, por exigirme, pero no por ser tan estricto, sino porque así yo podía aprender a exigirme más y entregar lo mejor de mí en cada tarea que cumplía.

Y, también, quiero agradecerles a todos esos profesores que se esforzaron arduamente para enseñarles a sus alumnos aquello que con tanto estudio tuvieron que aprender para poder vivir de su vocación que a veces es menospreciada por algunas personas, pues se le da menos importancia de la que realmente tiene.

Quiero agradecerles a todos esos profesores que jamás se rinden, que jamás dejan de lado a alguien porque no aprende, que jamás bajan los brazos o desgastan su profesión.

Quiero agradecerles porque me inspiran, porque de ellos he aprendido a confiar más en mí, en potenciar mi vocación y en ser mejor persona cada día.

Gracias a todos aquellos que dedican su vida a educar a las personas, pues es una labor admirable e inspiradora.

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