Por Alejandro Basulto
22 diciembre, 2020

Aunque intentó mantener la calma en un principio, la carcajada igual terminó saliendo, para alegría de ella y de sus estudiantes.

Durante la pandemia del coronavirus, que lleva millones de personas contagiadas y cientos de miles de fallecidos en el mundo, las rutinas diarias han sufrido cambios drásticos. Debido a que con medidas como las de distanciamiento y aislamiento social, hay muchas actividades que ya no se pueden realizar presencialmente. Estamos en un periodo de la historia en el que se vive de manera distinta. Se trabaja de forma diferente, se compra a través de otros medios y se estudia de otra manera.

@henryfraser0 / Twitter

Lo que han tenido que vivir a flor de piel los profesores de escuelas, colegios, institutos técnicos y universidades. Quienes debido a la pandemia del COVID-19 se han visto impedidos de realizar sus clases en sus clásicas aulas en los respectivos recintos educativos, cambiando esta enseñanza presencial por una online. Y para ello, han utilizado herramientas y aplicaciones como Zoom y Meeting de Google, para las cuales solo se necesita que la docente y los estudiantes tengan un smartphone, una tablet, un notebook o un computador, para que así la jornada escolar pueda llevarse a cabo.

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Las clases online han significado un gran reto para los profesores de todo el mundo. No solo por la exigencias nuevas en materia tecnológica, sino que también, a nivel pedagógico. Porque lograr mantener la atención de los estudiantes, estando a kilómetros de distancia, debe ser sin duda mucho más difícil que hacerlo cuando se compartía la misma sala de clases en el recinto educativo. Sin embargo, una profesora británica parece haberse acostumbrado de una manera muy ejemplar a esta nueva forma de enseñanza. Regalándole hasta a sus pequeños estudiantes minutos de risas y alegría.

Y es que esta joven maestra se encontraba realizando su clase online, cuando de repente escuchó un gran pedo en su transmisión a través de la plataforma Zoom. Gas y ruido, que en un principio intentó ignorar y resistir sus ganas de reírse, pero era inevitable. No aguantó las carcajadas y junto con ella, los niños de su clase también rieron descontroladamente. Un momento lleno de felicidad y risas, que de seguro tanto ella como sus pequeños estudiantes necesitaban.

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