Por Felipe Hernández
30 noviembre, 2016

¿Por qué es tan polémico un hombre haciendo “cosas de mujeres”?

Creo que uno de mis primeros recuerdos soy yo pequeño poniéndome los tacones de mi mamá, ella riéndose sin juzgarme y ambos gozando lo gracioso que era ser un poco más alto. Obviamente cuando crecí nunca más lo hice, porque me di cuenta que un hombre haciendo “cosas de mujer” es algo muy mal visto. Sin embargo, veinte años después me propuse caminar con tacones porque no me podía morir sin saber lo que sienten las mujeres cuando los usan.

Hola gente, soy Felipe. El tipo que les habla acerca de significados ocultos en las canciones y también de ser una vieja chismosa.

Felipe A. Hernández
Felipe A. Hernández

El internet es libre, por favor no me juzguen.

Y porque no tengo nada mejor que hacer, decidí que me iba a montar en un par de tacones para entender qué es lo que los hace tan maravillosos.

Desde siempre me han gustado los tacones, los considero uno de los íconos más fuertes de la femineidad y además nunca voy a superar los que Lady GaGa utilizó en el video de Bad Romance. Sin embargo, tengo más que claro que ahora son de uso casi exclusivos para mujeres, sólo porque en algún punto de la Historia a los hombres les dio miedo ser femeninos y dejaron de usarlos.

Entonces, estas son las reglas que nadie me exigió pero estúpidamente quise ponerle a mi desafío.

Felipe Hernández/UPSOCL

Ok, puede que el último punto suene exagerado pero no lo es y no tan en el fondo de mi corazón sé que existe la posibilidad de morir porque a alguien no le parece bien que un hombre use tacones. Fuera de eso, me gustaría aclarar que nunca antes había usado tacones y que me inspiré mucho con los chicos que actualmente desafían las reglas de género usándolos de manera impecable.

Primer día: No sabía que tenía talento para esto.

Así que les presento los que usé el primer día: Altura promedio, «ultra cómodos» y negros como mi alma.

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Después del nerviosismo de no saber qué pasaría una vez que saliera a la calle, por fin me los puse y salí de mi casa camino a trabajar.

Las primeras reacciones de las personas en la calle a las que me enfrenté me sorprendieron, pensaba que me iban a insultar o me mirarían como si fuera un monstruo, sin embargo sus caras me decían que estaban impresionados por ver a un hombre en tacones y sin palabras para gritarme. Yo me sentía fabuloso porque llegar a trabajar en tacones es la culminación de la fantasía de trabajar en una oficina, ¿cierto? Sí.

El resto del día se resumió en torpeza para caminar, halagos de mis compañeras por mi talento para no hacer *tanto* el ridículo que obviamente nadie esperaba descubrir y mensajes de felicitaciones por atreverme a desafiar la forma en que los hombres se visten. Además de un viaje de pie arriba de un bus mientras volvía a mi casa que me dejó inhabilitado para seguir mi ruta normal en tren, porque no me podía mover.

Bueno y también pude darme el gusto de sentir lo que es quitarse los tacones.

Reflexiones al final del día: Primero que todo, me pareció increíble la diferencia que pueden hacer unos zapatos en tu entorno. Porque estamos hablando sólo de eso, un tipo diferente de zapatos que resulta levantar un poco tus talones del suelo y por alguna extraña razón te hace sentir más consciente de tu cuerpo (porque los riesgos de caer se multiplican), además de un nivel de confianza mucho más grande, partiendo porque anuncias tu llegada a cualquier parte con el sonido que se escucha a metros de distancia. Me atrevería a decir que fue un éxito y con la vergüenza ya eliminada, el próximo día sólo podría ser mejor.

Segundo día: El dolor aumenta, la confianza también.

Felipe Hernández/UPSOCL
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En un principio pensaba utilizar los mismos tacones los tres días, pero mis consejeras me dijeron que eso sería un infierno y que por el bienestar de mis pies debería cambiar de zapatos para evitar que se formaran heridas.

PEEERO, LA HERIDA YA SE HABÍA FORMADO EL DÍA ANTERIOR…

Felipe Hernández/UPSOCL
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Así que aumenté tres centímetros de tacón sólo para esforzarme un poco más.

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El camino al trabajo fue tranquilo porque me fui en taxi, ya que con suerte pude mantenerme de pie mientras iba en el ascensor y mi querida herida no me dejaba caminar tranquilo. Una vez frente a mi escritorio, decidí no ponerme de pie ni caminar por nada que no fuera totalmente necesario hasta que llegó la hora de almuerzo y entonces sí era totalmente necesario pararme. Luego de eso salí a comprar algo y pasé por al lado de un lugar lleno de hombres adultos (con un poco de miedo, debo reconocerlo), pero nuevamente me sorprendieron cuando comenzaron a silbarme, gritar que me veía hermosa y también que mi trasero se veía maravilloso. Juro que es verdad. ¿Qué hice yo? Me reí y seguí caminando porque en ese momento me pareció gracioso.

De vuelta los pies me tiritaban y sólo quería llegar a un asiento donde descansar todo el peso que llevaba encima de ellos, cuando una mujer de edad me preguntó qué estaba haciendo con tacones. «Caminando», le dije yo. Entonces intentó encontrar una explicación lógica preguntándome si se trataba de una apuesta, como si querer usar tacones no fuera una explicación lo suficientemente lógica. Pero no cedí ante la presión y esa respuesta tuvo que bastarle.

De vuelta en casa, noté que rompí la tapa de un tacón porque al final del día con suerte podía levantar los pies y los arrastré por todo el mundo, gracias.

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Y aún así me sentí en mi propio capítulo de Sex And The City cuando corrí al taxi (por favor no me pregunten cuánto dinero gasté haciendo esto).

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Reflexiones al final del día: Algo tienen los tacones que te hacen sentir más todo. Más profesional, más sensual, más confianza y por supuesto, más miradas. Lo que en realidad suena genial, pero no cuando te das cuenta de que solo por caminar con tacones repentinamente te conviertes en un objeto que puede ser cuestionado y juzgado por su elección de vestuario, aunque lo peor es que nos parece normal. A mí me causó gracia, pero ¿por qué es tan polémico un hombre pareciéndose sólo un poco a una mujer? Mi teoría es que seguimos viendo a las mujeres como algo inferior, por lo tanto cualquier hombre que haga algo similar a ellas es un ridículo.

Felipe Hernández/UPSOCL
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Tercer y último día: Ya no me importa nada (sólo no matarme).

Tres días usando tacos y al último ya me creo modelo, solo por despegar los talones del suelo un poquito ✨ #últimodía

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Por suerte, dentro de mi casa no tenía que usar tacones y estuve casi todo el día encerrado para que mis pies descansaran, de hecho me prohibí ir a comprar almuerzo para no ponérmelos.

Pero si no salía de la casa nada tendría sentido y porque soy de los que siguen jugando Pokémon GO, penosamente fui al parque a jugar.

Me enterré con los tacones, me doblé los pies y no sabía cómo ponerme mientras estaba sentado, pero en general fue una experiencia linda, porque sentía que nadie me juzgaba y podía hacer de la calle una pasarela de America’s Next Top Model (sin la Señorita Jay dándome consejos, claro).

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Y como nadie puede hablar de sufrir en tacones sin haber salido a bailar en ellos…

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Eso fue exactamente lo que hice.

Con los tacones más satánicos en mi poder.

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Y BAILÉ HASTA QUE LITERALMENTE NO DI MÁS.

Pero lo pasé tan bien que no me arrepiento de haber llegado con ellos en la mano mientras caminaba descalzo por la calle. Porque a pesar de no haber bailado las horas que generalmente bailo y haber pasado gran parte de la noche sentado quejándome del dolor pies, cuando estaba bailando lo di todo y debo decir que me sentí… ¿Sofisticado? En verdad no sé, pero era genial y nuevamente los tacones hacían que todo fuera más.

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Reflexiones al final del día (madrugada): Después de todo, creo que cuando todos lo están pasando bien a las personas realmente no les importa si eres hombre o mujer, usas tacones o chanclas para bailar, porque cada uno decide cuál es su forma de disfrutar y para eso solo necesitas tener la actitud para creerlo. El problema es que el resto del tiempo juzgar se hace demasiado fácil, sobre todo para las personas que no pretenden entender que detrás de todas las decisiones que alguien toma a la hora de vestirse hay una intención, una historia, una razón para hacerlo. Y a pesar de que hayan algunas cosas que no nos gusten, eso debería respetarse.

Entonces, ¿qué es lo que aprendí de todo esto?

Creo que lo más importante es que las mujeres (algunas) se han comprometido a hacer propio un sacrificio que a pesar de no ser obligatorio para ellas, sí es necesario cuando necesitas un aumento de confianza, estilo o lo que sea que te haga sentir caminar sobre un par de tacones. La verdad es que no es bonito el dolor que sientes al usarlos, pero sí es bonito sentirte como una versión mejorada de ti mismo con lo que a fin de cuentas es solo un par de zapatos. Es tan sencillo y a la vez tan maravilloso, que cualquiera que esté dispuesto a sufrirlo sabrá que al final valió la pena.

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Por otro lado, creo que los hombres somos responsables en gran parte de las críticas que reciben las mujeres por usar tacones. Cada vez que les decimos que sufren «porque quieren», que «nadie las mandó a usarlos» y que «por vestirse de esa forma es que les pasan las cosas», estamos haciendo evidente que nunca nos hemos tomado la molestia de entender por qué lo hacen, qué es lo que sienten con ellos y qué las motiva a usarlos. Y eso sí que debería darnos vergüenza.

Felipe Hernández/UPSOCL
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Nos hemos privado por siglos de una prenda de vestir que nos convence de ser una persona poderosa, solo porque el miedo a parecernos a una mujer lo tenemos impreso en nuestras cabezas desde la primera vez que alguien se burló de nosotros porque nos pusimos los tacones de nuestras mamás. Nos arrebatamos la oportunidad de divertirnos antes de siquiera considerarla, y lo peor es que muchos lo seguirán haciendo.

Mientras tanto, voy a ser uno de los tantos hombres que se han atrevido a sentir lo que sienten las mujeres y me gusta creer que ahora las entiendo un poco más que ayer.

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Aunque probablemente no vuelva a ponerme tacones en muuuucho, mucho tiempo.

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