Por Augusto Catoia
21 noviembre, 2017

Lucy O’Grady desarrolló una disforia corporal debido a esas fotografías.

Lo que comenzó como un simple juego, terminó tomando control de su vida. Un día Lucy O’Grady se sacó una simple selfie y, un tiempo después, el Photoshop ya no bastaba para mejorar suficientemente las fotos que se sacaba porque ella desarrolló una enfermedad: la disforia corporal, o el descontento patológico con su propio cuerpo.

Y lo que en un momento fue un ejercicio para mejorar su autoestima se volvió un problema que atacaba su amor propio. Y su bolsillo.

ITV

Madre de tres hijos, O’Grady dijo al programa británico This Morning que todo comenzó “con una extraña selfie. Descargué aplicaciones y comencé a editar mis fotos después que las sacaba”.

Y a partir de eso, se dio cuenta de que “cuando me sentía mal, me sacaba fotos. Era un rápido remedio el sacarme fotos, editarlas y subirlas, pensando en que me veía bien ahí“.

Lucy O’Grady

Pero la mujer agregó que “el problema es que, cuando te miras en el espejo después de ver la foto que editaste, te pones insatisfecha con lo que ves de ti“.

Y después que una persona le dijera que ella en persona se veía diferente de ella en las fotos, Lucy decidió que quería “parecerse a las selfies en la vida real“. Y todo se salió de su control.

Lucy O’Grady

Debido a esa obsesión, O’Grady se inyectó Botox, relleno de labios y mentón, se hizo una rinoplastía (operación de nariz) y un blanqueamiento dental, los cuales afectaron su economía personal.

Por ejempllo, se llegó a inyectar Botox a cada seis meses y rellenos faciales a cada dos meses.

“Me di cuenta de que se me fue la mano, pero estaba muy preocupada por cómo me veía. Eso me estaba devorando en lo económico”, dijo.

 

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Afortunadamente, O’Grady tomó medidas a tiempo para no seguir adelante.

“Me tomé un descanso de las redes sociales, me fui de vacaciones y me involucré en la caridad de animales, lo que me ayudó a romper el círculo vicioso“, cuenta.

Y también desarrolló su autoestima. “Era inalcanzable verme siempre como en las selfies. Me di por vencida en intentar buscar un ideal imposible“.

“Hay un estigma asociado a la dismorfia, pues creen que es mera vanidad. Y muchas mujeres sufren de baja autoestima. Necesitan saber que la selfie es una realidad falsa”, concluyó.

Costó, pero Lucy O’Grady logró frenar su gran mal. Y si ella pudo, mostró que no es una lucha inútil.

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