Por Valentinne Rudolphy
3 diciembre, 2015

Hay una delgada línea entre ser una buena madre y salirte de control.

1. Desde que tienes a tu bebé, se ha vuelto tu prioridad

2. Ya no te importa que tu bebé explore lo que se le antoje

3. Puedes cocinar, limpiar la casa, hablar por teléfono y sostener al bebé al mismo tiempo

4. Has comenzado a discutir con tus pequeños sobre temas demasiado existenciales para su edad

5. Algunas amigas te han dicho que cambiaste, pero tú no crees que sea nada grave

6. Cuando se presenta la oportunidad de salir de casa, superarás todo obstáculo que se interponga en tu camino

7. Cuando tu bebé se duerme te quedas viendo los shows de televisión que él ve

8. Comienzas a hacer experimentos que involucren a tus hijos, aunque algunos son algo peligrosos

9. Cada vez que estás en la ducha sientes que un bebé llora y debes correr

10. Invitas a otras madres a tu casa para no sentirte sola, aunque sean desagradables

11. Los amigos de tu hijo ya no quieren ir tan seguido a tu casa, y dicen que es por ti

12. Te has convertido en una de esas madres que abraza, halaga y acosa a sus hijos

“Soy una madre orgullosa”.

13. Odias cuando tus hijos deben ir a la escuela, porque significa que te dejarán sola

14. Para todos sus eventos tomas un papel de animadora muy importante

15. Cuando extrañas a tus hijos intentas imitarlos para sentir su presencia

Por ejemplo, correr por los pasillos del supermercado como ellos lo harían.

16. Te ríes a carcajadas viendo Disney Junior o Discovery Kids

17. Has perdido la paciencia con otras madres abusivas. Quizás llegando a igualarlas en agresividad

18. Cada pequeño detalle que tu hijo hace, es un regalo del Universo para ti

“¡Oh! Se tiró un pedo y estornudó al mismo tiempo”.

19. Cuando sales a una fiesta, es típico que creen que te has vuelto más aburrida. Puede ser cierto

“Mamá no se emborracha, sólo se divierte”.

20. Cantas con gusto todas las canciones favoritas de tu bebé, e incluso tienes unas en tu cuenta de Spotify

21. Le haces bromas un poco intensas a tus hijos. Tú sólo quieres ser genial, pero a ellos no les parece

22. Cuando te preguntan por tu día, sabes que sólo puedes decir que has estado pensando en tus hijos

23. Esta situación te parece tan común que ya ni siquiera te importa grabarla

24. Las locuras que hacía tu madre comienzan a tener mucho más sentido para ti

25. Pero en fin, eres una mamá genial, o al menos eso crees tú

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