Por Javiera Spröhnle
15 marzo, 2017

Gracias papás por “arruinarnos la vida”, porque sino, nuestra vida estaría arruinada.

Estoy a sólo algunos meses de independizarme de mis padres y he tenido algunas semanas de locos. Por una parte estoy extremadamente emocionada por empezar a armar mi propio hogar, pero por el otro me invade una profunda pena por saber que ya no veré más a mis padres cada mañana al levantarme y cada vez que finalice el día.

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Da mucha nostalgia, pero también ha sido un lindo proceso para reflexionar sobre muchas cosas, entre ellas todo lo que mis papás han hecho por mí todos estos años (y que de seguro lo seguirán haciendo aunque estemos un poco más lejos). Cosas que a veces, en el día a día -y sobre todo en la adolescencia- no siempre valoré.

Por eso, en esta nota repetiré una y mil veces: ¡gracias mamá y papá!

1. Por soportar trabajos que no te gustaban

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Sé que muchas veces caíste en trabajos que no te hacían feliz y seguro hubo más de una mañana en la que, de camino a la oficina pensabas “debería buscar algo que me guste”. Sé que si hubiese tenido 20 años y la única boca a la que tuvieses que haber alimentado, hubiese sido la tuya, lo habrías hecho de inmediato. Sé que muchas veces aguantas 9 o 10 horas al día, haciendo algo que no te llenaba, con tal de llegar a casa, mirarme a los ojos y saber que no me faltaba absolutamente nada.


2. Por tus consejos, incluso cuando no te escucho

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¿Cuántas veces no le has dicho a alguno de tus padres “tú no me entiendes”, o los has culpado de “hacerte la vida imposible”? Olvidamos que lo que nosotros estamos pasando, ellos ya lo vivieron. Que su consejo viene de la experiencia y con el más profundo amor y preocupación. Olvidamos que incluso cuando nos castigaban o regañaban, era porque querían lo mejor para nosotros. Gracias papás por “arruinarnos la vida”, porque sino, nuestra vida estaría arruinada.


3. Por jamás olvidar ningún detalle

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Gracias mamá y papá porque jamás olvidaron nada de lo que decía o hacía. Desde lo más simple, como comentar las ganas que tenía de comer algún plato y que al otro día hubiese “mágicamente” eso para la cena, hasta lo más complejo como el sueño de algún viaje que con mucho esfuerzo hicieron realidad. Me costó darme cuenta, pero en realidad las “hadas madrinas” sí existen y están disfrazadas de padres.


4. Por amarme, tal cual como soy

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Creo que puedo hacer una lista infinita de errores que he cometido en la vida -bueno, como todo el mundo- que un sin fin de personas jamás me han perdonado y por los cuales más de un “cartel” me he ganado de por vida. Pero con mis papás, da lo mismo cuántas veces me equivoque, jamás dejaron de verme con esa mirada de confianza, jamás dejaron de creer en mí y en lo que me convertiría. Incluso cuando yo dudé de mí, ellos nunca lo hicieron.


5. Por ser fuerte, cuando yo estaba mal

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¿Saben? Si alguna vez crees que estás sufriendo hasta los huesos por algo, probablemente tus padres lo estén sufriendo peor. Ellos pueden vivir con sus problemas, pero cuando nos ven a nosotros mal, sólo sienten ganas de quitarnos todo ese dolor y vivirlo por nosotros. No hay nada que quieran más en el mundo que vernos felices y eso a veces ni siquiera lo notamos.


6. Por acompañarme en todos mis triunfos

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Hasta en los más insignificantes, nuestros padres los celebran como el logro del año. Se sienten orgullosos, le cuentan a todo el mundo e incluso se les infla en corazón más que a nosotros mismos. ¡Gracias!


7. Por preocuparte que cada momento de mi vida sea perfecto

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Cumpleaños, navidades, vacaciones, absolutamente todo es mágico cuando es junto a ustedes. Cuidan cada detalle y siempre puedo decir que guardo los más lindos recuerdos de mi infancia. A veces me gustaría reproducir esos momentos una y mil veces.


8. En definitiva, gracias por hacerme tan feliz…

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Ahora me toca partir, tendré mi propia casa, mis propias cuentas que pagar, mis propias responsabilidades, incluso algún día tendré mis propios hijos y sinceramente espero llegar a ser al menos la mitad de lo bueno que fueron mis padres conmigo. Porque a su lado, he sido TAN feliz.

¡Uf! ¡Podría seguir todo el día! Cerca o lejos, un padre jamás se va del lado de sus hijos… Sé que seguirán habiendo momentos mágicos, que seguirán acompañándome en las buenas y en las malas y que seguiré diciéndoles todos los días de mi vida: ¡Gracias mamá y papá! porque sobran razones.

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