Por César Ruiz
23 noviembre, 2015

Al final fue el pequeño quien le salvó la vida.

La gente dice que todo sucede por una razón. Para los no creyentes, basta con echar un vistazo a la familia Evensen. Cuando Kerri Evensen supo que su hijo de 4 años de edad, Auden, necesitaba un hígado nuevo, ella no tuvo que pensarlo mucho.

La madre estaba decidida a salvar la vida de su hijo donando una parte de ella.

«Todas las enfermedades que Auden está tratando, terminarán una vez que el trasplante se complete», dijo Tom Evensen, su marido.

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Sin embargo, cuando Kerri hizo pruebas para ver si podía someterse al procedimiento, su resonancia magnética reveló una condición potencialmente mortal: Kerri tenía un aneurisma cerca de su riñón.

A pesar de que no tenía síntomas, un vaso sanguíneo débil empezó a hincharse.

«El aneurisma pudo haber estallado y podría haber puesto gravemente en peligro su vida»

-Tom Evensen-

Afortunadamente, debido a que el aneurisma fue encontrado, Kerri fue capaz de resolver el problema a través de cirugía.

«Sé que nunca habría hecho ninguna prueba para encontrar el aneurisma en mi vida, así que mi hijo me salvó la vida, cuando yo me chequé … para salvar su vida.»

httpv://youtu.be/L1U3_tswNtw

Ahora que Kerri está sana de nuevo, ella puede salvar la vida de su hijo en el transcurso de un año. «Tienes que esperar casi cinco años (para el trasplante), para que finalmente llegue la fecha. Es muy emocionante «, dijo Tom.

Algunos lo llaman casualidad o suerte, algunos lo llaman destino, pero sea cual sea su explicación, el resultado es el mismo: Dos vidas fueron salvadas en un solo instante.

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