Por Pamela Silva
30 noviembre, 2018

“En cada juego, buscaría sus caras en las gradas. Cuando los encontré, supe que me importaba. Sabía que mis sueños, sin importar lo tontos o descabellados que pudieran parecer, importaban”, dijo Caitlin.

Cuando somos niños y adolescentes solemos participar en muchas actividades, partidos de algún deporte, eventos de la escuela, musicales, obras, presentaciones, lo que sea que nos guste hacer. Y cuando participamos en esas actividades, lo único que queremos es que estén nuestros padres ahí.

Y en ocasiones no consideramos lo importante que es tener a nuestros padres ahí, ni lo importante que es que estuvieran presentes en cada una de esas actividades.

Caitlin Gallagher escribió en Popsugar una columna explicando cómo recién de adulta le tomó el peso a que sus padres siempre estuvieran en sus juegos de baloncesto.

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Caitlin explica que ambos de sus padres trabajan en la ciudad, pero vivían en los suburbios, así que tenían que soportar viajes eternos para ir al trabajo y solían tener cosas pendientes para hacer en la casa cuando llegaban.

Cuando llegué a la escuela secundaria, (el baloncesto) se convirtió en mi principal prioridad (y también ocupó la mayor parte de mi tiempo libre). Y a lo largo de mis más de 15 años de jugar al baloncesto, mis padres estuvieron en cada juego. Cada. Uno”.

Caitlin explica que sin importar la carga laboral que sus padres tuvieran o lo lejos que se encontraran, nunca dejaban de asistir a sus juegos. Ni siquiera cuando ella y su hermana tenían partidos al mismo tiempo, porque siempre lograban dividirse exitosamente para estar presentes con cada una de ellas.

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“Sin importar lo que sucediera en sus vidas, siempre, sin fallar, hicieron que estar ahí para nosotros sea una prioridad. Podría haber sido el juego de campeonato durante mi último año o un recorrido en una liga de verano solo por diversión, estaban allí”.

También cuenta que no se dio cuenta de lo importante que era tener a sus padres en cada partido, algo que cuando niña daba por sentado y solo ahora de grande entiende que no para todos es igual. Y sobre todo, que no daba lo mismo si iban o no.

“En cada juego, buscaría sus caras en las gradas. Cuando los encontré, supe que me importaba. Sabía que mis sueños, sin importar lo tontos o descabellados que pudieran parecer, importaban. Cada vez que ganaba puntos o jugaba bien a la defensiva, miraba a mi padre en busca de su señal de aprobación y escuchaba el rugido algo embarazoso de mi madre. Al igual que en todos los demás aspectos de mi vida, mis padres demostraron que podía confiar en ellos . Y ese sentimiento me ha pegado toda la vida.

Pexel

Sé que no siempre es posible o fácil presentarse y asistir a todos los juegos, pero los padres, incluso si crees que no es gran cosa (e incluso si tus hijos dicen que no es gran cosa), es importante . Y si no puedes estar ahí, intentarlo importa. No recuerdo muchos de los regalos de cumpleaños que recibí cuando crecí o las galletas que comí antes de la cena, pero recuerdo vívidamente a mi mamá y mi papá, en sus trajes de trabajo y chaquetas, entrando a todos los juegos que he jugado”.

No sé ustedes, pero yo llamaré a mi mamá en este mismo momento.

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