Por Javiera González Ruiz
15 febrero, 2019

Sin duda fue un acto de amor.

Nadie que tenga cáncer sabe cómo afrontarlo desde el primer momento. Entre aciertos y errores se va descubriendo cuál es la mejor forma de llevarlo, pero si de por medio hay hijos pequeños, de seguro será mucho más difícil y habrá que pensar mil veces antes de tomar una decisión.

Al menos eso hicieron Marla y su esposo Jon cuando supieron que ella estaba enferma y tendría que dar la batalla.

Se conocieron cuando jóvenes en 1987 en un equipo mixto de fútbol en Michigan, y desde ese momento, luego de un mes de entrenamiento juntos, pasaron los próximos 31 años juntos.

La pareja se casó y tuvo 3 hermosas hijas con quienes disfrutaban los días. Todo parecía perfecto, hasta que cuando las niñas tenían 8, 9 y 11 años, Marla fue diagnosticada con un cáncer tan agresivo, que solo le dieron 1000 días de vida.

Pixabay (Imagen referencial)

¿Cómo le dirían a las niñas? Ambos decidieron no contarles lo que ocurría.

«No podrían disfrutar de la escuela, los amigos, sus equipos o las fiestas de cumpleaños. Estarían vigilando muy de cerca, cómo se veía, se movía, actuaba, comía o no su madre. Marla quería que sus hijas siguieran siendo niñas: sin carga, confiadas en que mañana se vería como ayer» escribió el padre de las chicas.

«Mi esposa se estaba muriendo y no le contamos a nuestras hijas» confesó Jon y reveló que se las ingeniaban de distintas formas para que ellas no sospecharan nada. El médico encargado de ponerle inyecciones iba a casa cuando las niñas hacían la tarea, Marla solía salir a correr para hacerles creer que estaba fuerte, y así un sinnúmero de acciones que las mantenía alejadas de la realidad.

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Ella insistía en darles a sus hijas su juventud, convencida de que la normalidad les permitiría descubrir sus propias fortalezas.

Cuando habían pasado 10 años de una extensa batalla y cerca de 3.500 días más de vida de lo que los médicos esperaban, Marla falleció el 19 de diciembre, cuando sus hijas tenían 18, 19 y 21 años y ya podían entender lo que ocurría.

Ese día se sentaron a los pies de la cama del hospital de su madre y se despidieron agradeciendo la decisión que ambos habían tomado, de mantenerle información oculta para que disfrutaran sus propias vidas.

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«Nuestras chicas han hablado a menudo sobre el sacrificio de su madre y me han dicho sin preguntar: ‘Estoy muy contenta de no saber por lo que estaba pasando mamá. Me habría preocupado todos los días’. En estos últimos dos meses, me han tranquilizado una y otra vez que no decirles fue una decisión de amor» escribió el padre.

Abordar el cáncer nunca podrá ser algo fácil de hacer, sin embargo es bueno barajar distintas alternativas para decidir luchar con la enfermedad de la mejor manera posible tanto para el enfermo, como para quienes los rodean.

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