Por Moisés Valenzuela
31 octubre, 2018

En el mismo hospital donde siendo niños pensaron que no sobrevivirían, celebraron su boda.

Joel vivía en Tennessee y Lindsey en Missouri, a más de 700 kilómetros el uno del otro. Sin embargo, y tal vez por cosas del destino, ambos comenzaron su tratamiento en el Hospital de Investigación para Niños St. Jude, en Memphis.

A los 7 años, Joel fue diagnosticado con cáncer de huesos. La noticia golpeó a su familia e inmediatamente comenzaron su tratamiento. Tres años después, Lindsey también empezó un duro proceso luego de que los médicos le dijeran que tenía leucemia.

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Fueron largas y repetidas jornadas en St. Jude. Las familias de ambos niños se sentaban en la sala de espera y comenzaron a charlar mientras recibían tratamientos. Se acompañaban en aquellos momentos tan difíciles.

El tumor de Joel avanzó y fue necesario amputar su brazo derecho. Por su parte, Lindsey creía que su diagnóstico era un sentencia de muerte. En ese momento empezaron a conocerse.

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Lindsey quedó encantada con el joven Joel, que enfrentaba su enfermedad con alegría. Según ella, rápidamente se enamoró pero él no era de las personas que hablaban mucho. Sin embargo, le enseñó a reírse en medio de todas sus dificultades.

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Tiempo después, ambos pequeños recibieron el alta médica. Habían superado el cáncer y podían volver a sus vidas. Y a pesar de que una conexión especial había entre ellos, nada podían hacer a su corta edad.

Algunas veces, en eventos organizados por el hospital, se reconocieron desde lejos. Sin embargo, los estudios de cada uno los alejaron por largos años. Finalmente, Lindsey se graduó y cumplió su sueño: volvió a St. Jude una vez más, pero ahora como trabajadora. Quería ayudar a otros niños que pasaban por lo mismo que ella.

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En su primer día, recorrió el centro de investigación y uno a uno fueron presentándole a sus compañeros y compañeras. Otro de los empleados, le dijo que había alguien en particular a quien debía conocer… Frente a ella, con la misma sonrisa de cuando era pequeño, estaba Joel. El niño que le enseñó a reír del cáncer. Esto no podía ser casualidad.

Su reencuentro fue conmovedor. Después de tantos años, volvieron a verse en el mismo lugar que se acompañaron a través de la dolorosa enfermedad.

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Con el tiempo se hicieron amigos bastante cercanos. Pero la historia que compartían juntos los llevó a algo más: se enamoraron y al poco tiempo decidieron casarse.

Y no había otro lugar donde celebrar la boda: junto a médicos, familiares, enfermeras y otros pacientes, la pareja decidió unirse en el hospital St. Jude. Donde a los 10 años ambos creyeron que no sobrevivirían, volvieron a encontrarse y esta vez para no volver a separarse.

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