Por Felipe Costa
23 abril, 2021

La abuelita Marlene se crió en el campo trabajando en vez de ir a la escuela; para cuando formó familia, creyó ser demasiado adulta para aprender. Durante esta cuarentena se dio cuenta que estuvo 63 años equivocada cuando leyó su primera palabra y casi llora de emoción.

Una frase que la gente debiese tener en mente, más aún en estos acelerados tiempos, es que nunca es tarde para querer aprender algo. Se nos llena la cabeza que luego que nos convertimos en adultos debemos forjar rápido nuestro camino y seguir una sola línea, olvidando que la vida es un árbol que se ramifica de diversas formas al tiempo que nosotros estimemos conveniente, pero que no crecerá sin voluntad propia. Así lo entendió por fin una abuelita en Florianópolis, Brasil, que jamás en su vida había leído una sola palabra, informa Globo.

Globo

Marlene Hinckel tiene 63 años, fue criada en el campo y en su época la escuela quedaba demasiado lejos como para asistir todos los días. Sus padres consideraron que era mejor que siguiera trabajando hasta que creciera y formara su propia familia. La mujer se hizo adulta sabiendo lo básico y leer siempre fue un obstáculo en su vida.

Llegada la pandemia, su hija Karina y su nieto Eduardo iban a visitarla constantemente, ya que el pequeño con solo 7 años necesitaba donde asistir a la escuela virtual, fue entonces que la abuela tomó los libros del niño.

Globo

Marlene, quien estaba al mismo nivel que su nieto aprovechaba de sentarse a su lado y escuchar al profesor, así juntos realizaban los ejercicios en clase. Cuando logró juntar las letras y leer su primera palabra casi llora de la emoción, habían sido 63 años ignorando dicha habilidad.

La anciana comenzó a invertir su tiempo de encierro en aprender a leer. Usando los libros escolares de su nieto pasó noches en vela intentando aprenderse el vocabulario y con el pasar de las semanas, al verse capaz de leer, tomó su biblia y leyó por primera vez unos versículos.

Apoyo – Pixabay

“Imagínese que también me emocioné con la idea de aprender, y comencé a asistir a clases y a usar sus libros escolares para tratar de leer. Hoy ya puedo leer las canciones y los versículos de la Biblia que se usan en el servicio diario, para mí esto ya es un gran paso”.

–Marlene Hinckel a Globo

Antes de la pandemia, Marlene se había inscrito en un programa comunal de alfabetización para jóvenes y adultos, pero tras la llegada del coronavirus, solo alcanzó a asistir a un par de clases, lo que la deprimió mucho.

Globo

Marlene siente que se le abre un mundo completo. Cuando iba al supermercado a comprar cualquier cosa, reconocía los productos de memoria, pero nunca pudo diferenciar el acondicionador del shampoo o el aceite del vinagre. Aún no sabe muchas palabras, pero va aprendiendo las más importantes que le permitan mayor independencia por el momento.

Asegura que seguirá aprendiendo hasta que pueda tomar un libro sin ser corregida. Su nieto, quien es su compañero, también es su mentor en ocaciones que no entiende como pronunciar algunas palabras, lo que ha creado un vínculo familiar aún más cercano. Jamás es tarde para aprender y la abuelita Marlene es el mejor ejemplo.

Puede interesarte