Por Daniela Morano
29 julio, 2019

Roberto Pérez de 79 años es rotulista y su único tesoro son sus herramientas de trabajo: Dos latas de pintura y unas brochas.

La sociedad tiende a pensar que cuando se llega a cierta edad, dígase sobre los 60 años, la vida se acaba. Las personas sobre esa edad, es decir, los abuelos/as son prácticamente invisibles en el mundo y deben esforzarse el doble por encontrar un lugar donde sean aceptados y no silenciados.

Roberto Pérez tiene 79 años vive en Zinacatepec, México donde pasa sus días caminando cientos de kilómetros ofreciendo su mano de obra. Roberto es rotulista y como no tiene un local establecido, visita distintos locales de comida, tiendas de ropa, etc. para ofrecerles sus diseños hechos a mano.

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«Este señor llegó y me ofreció sus servicios de rótulos y me animé. Platicando con él me contó que la vida es dura, pero que nosotros tenemos que ser más duros para enfrentarla. Su único tesoro son sus herramientas de trabajo: dos latas de pintura y unas brochas», escribieron en Facebook los dueños del taquería «La Sabrocita», quienes aceptaron la oferta de Roberto.

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Para ayudarlo a conseguir más trabajo, compartieron su historia en redes sociales. «Veo jóvenes quejándose de la vida que tienen, sin valorar lo que la vida les da a su familia que los ama», le dijo el hombre al joven dueño del local.

«Este señor acaba de darme una gran lección de agradecimiento. Cuando somos agradecidos, todo lo demás llega solo. Las personas de la tercera edad tienen mucho que ofrecer a la sociedad, ellos poseen experiencia y sabiduría que podrían ser de gran ayuda en los días más caóticos».

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Si hay algo que este señor nos puede enseñar, es a mantenernos perseverantes ante todo y nunca perder la fe.

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