Por Luis Lizama
4 septiembre, 2020

La pandemia nos ha obligado a tener clases de manera virtual, pero muchos niños no tienen los recursos para acceder a ellas. Daniko, un chico de 14 años, quiso ayudar a los amigos del barrio que tienen este problema.

En situaciones complejas y extremas, el ser humano saca lo mejor de sí. Algunas hacen todo lo contrario, comportándose con egoísmo y maldad. La pandemia del coronavirus ha generado algo muy parecido, dándonos imágenes lamentables y otras simplemente inspiradoras, como la del pequeño Daniko.

Es un adolescente peruano de 14 años que, viendo el panorama de sus amigos del barrio, que no tenían recursos para estudiar de manera virtual, decidió hacer algo. Transformó el patio de su casa en una improvisada escuela, donde dicta clases 3 horas al día y a unos 10 niños. No todos tienen una laptop o un teléfono celular de alta tecnología, pero sí un amigo como Daniko.

Diario Correo

Su nombre “oficial” es Daniel Raúl Huisacayna y vive en el poblado de San Isidro, en Arequipa (Perú).

“Si no te gusta cómo son las cosas, cámbialas”, se lee en una de las paredes.

A su solidaria iniciativa le han denominado “Aprendo en casa con Daniko” y ha sacado aplausos en todo el país. Es fiel reflejo de la solidaridad, la bondad y el esfuerzo de muchos peruanos. 

Diario Correo

Comenzó con apenas un alumno y ahora ya tiene 10. Todos deben lavarse las manos con agua y jabón, antes de entrar, además de usar todo el tiempo su mascarilla. Pero esto no es como la educación tradicional, porque cada uno de los niños explica lo que le cuesta y trabajan de forma personalizada. 

Daniko contó que a la mayoría le cuestan las matemáticas, la que precisamente es su materia favorita. Lo hace con amor.

Su solidaridad es tal, que incluso ha aceptado a dos pequeños que no son sus vecinos, que llegaron hace muy poco desde otro poblado. Caminan unos 20 minutos hasta la casa del adolescente, para aprender y divertirse.

Imagen referencial – Pixabay

Mientras los más grandes pasan horas frente al televisor, Daniko ocupa su tiempo libre para hacer algo por el bien común.

“Yo me siento feliz cuando enseño porque siento motivación de ellos, tienen las ganas como yo de querer aprender siempre más”.

Dice Daniko al Diario Corre.

La madre del pequeño cuenta que en un comienzo lo creyeron hiperactivo, pero sabiendo explotar sus capacidades, se encontraron con un niño de gran coeficiente intelectual. Al final de cada año llegaba con un diploma por su excelente rendimiento escolar.

Imagen referencial – Pixabay

En muchos lugares del mundo la educación no funciona como debiese, no es para todos ni da las mismas oportunidades. Gracias al trabajo proactivo de pequeños como Daniko y sus amigos, el mundo sigue teniendo esperanzas.

Su futuro es prometedor y él lo sabe. De hecho la frase que cuelga de su patio no es sacada de Internet, es porque realmente lo cree. Su anhelo es ingresar a la Universidad Nacional de San Agustín, donde estudiará Ingeniería Industrial.

¡Mucho éxito!

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