Por Cristofer García
16 noviembre, 2020

“Si va a vivir una vida tan cortita sería bueno que tuviera una mamá”, pensó Nuria Pérez, la enfermera que no dudó en adoptar a Zoe cuando la conoció.

Nuria Pérez es una enfermera de Argentina que, gracias a la enorme solidaridad en su corazón, tuvo gesto que pocos harían. Con mucha casualidad, en la sala de neonatología, donde solía trabajar, se encontró con una bebé que le cambiaría la vida.

Un día, que parecía ser como cualquier otro, se encontró con Zoe, una recién nacida que habían abandonado. La bebé dormía en una camita al igual que los demás pequeños, la diferencia es que nadie la llevaría a casa.

Nuria Pérez

No obstante, había otro factor en esta chiquilla. Padecía hidranencefalia, una rara enfermedad la cual hace que en vez de hemisferios cerebrales, tenga dos bolsitas de líquido en su cráneo. Por lo tanto, su expectativa de vida era de alrededor de un año.

“Al no tener sus hemisferios formados no podía ver, tampoco escuchar, obviamente no iba a poder caminar. Pero sí tenía formado el tronco cerebral, lo que hacía que el funcionamiento de sus pulmoncitos y de su corazón estuvieran activos”, dijo Nuria en conversación con Infobae.

Nuria Pérez

Pasaban las semanas en el hospital Eva Perón, en Santa Lucía, al norte de Argentina, y la condición de la bebé era la misma: sin familia y con prácticamente sus días de vida contados. Nuria sabía que debía hacer algo para ayudarla.

Ella ya era madre de un pequeño de 9 años y le partía el alma ver a esa bebé así, abandonada. “Los niños en esa situación siempre son particulares para nosotros, el contacto es bastante mayor que el que tenemos con un bebé que tiene a su mamá y su papá para que lo asistan. Zoe no era mi paciente, pocas veces la asistí, pero igual siempre pasaba a verla y me quedaba un ratito con ella”, dijo.

Nuria Pérez

“Un mes después de conocerla, mes y medio, le dije a mis compañeras: ‘Yo voy a ser la madre’”, agregó.

“Pensé: ‘Si va a vivir una vida tan cortita sería bueno que tuviera una mamá, un hermano, abuelos, tíos, primos, una casa, una cama, su ropita, sus juguetes’. Creo que hay muchas maneras de ser madre, y la adopción era una manera distinta a la que yo conocía“, continuó esta enfermera sobre los motivos que tuvo para tomar la decisión.

Nuria Pérez

Al averiguar más sobre la vida de la pequeña, Nuria encontró que la madre biológica de Zoe era una chica joven sin posibilidades económicas de hacerse responsable de ella. Y cuando lo habló con su familia, la respuesta fue positiva. Así se convirtió en la nueva madre de Zoe.

“Yo siempre la traté como a cualquier niño. Nunca en mi cabeza estuvo que ella sufría o ‘pobrecita, mi bebé’. La llevaba a la plaza, la subía a la calesita, salíamos a comer en familia con ella: cosas normales que capaz que los padres de un niño con una discapacidad no se animan a hacer”, contó.

“Obviamente que tuvimos miedos, inseguridades, mucho más cuando se acercaba la fecha límite. Más allá de que uno supiera que en algún momento iba a suceder, nunca estás preparado para la muerte, mucho menos la de un hijo”, añadió.

Nuria Pérez

No obstante, los años pasaban y la pequeña seguía junto a la familia, hasta su quinto cumpleaños. Fue en agosto de 2019 cuando la chiquilla falleció, cuatro años más que su expectativa de vida. La bebé presentó una complicación respiratoria y la llevó de emergencia al hospital, en un día que Nuria jamás olvidará.

“El médico me ordenó que saliera y yo le dije que no iba a salir porque no la iba a dejar sola. Me trató mal, me agarró de un brazo y me empujó contra una mesada. Para mí fue terrible esa situación, le había prometido a Zoe que nunca la iba a dejar sola, ni siquiera en su peor momento”, relató.

Nuria Pérez

Ahí fue cuando tuvo que tomar “la decisión más difícil de mi vida”, al no reanimarla, no intubarla y no sostener la vida de la pequeña. “Es que tal vez la reanimaban y salía y podía volver a casa, o tal vez quedaba intubada en un hospital hasta el final, prolongando la agonía, que era lo que ninguno de nosotros quería para ella”, se excusó.

Nuria aún se acostumbra a vivir con la pérdida de Zoe, pero con el orgullo de ser una madre noble y ejemplar.

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