Por Alejandro Basulto
26 febrero, 2021

Cuando escuchó su historia tuvo que irse a un rincón a llorar, para luego llamar a su coordinador y decirle que él les compraría sus boletos.

Era un día cualquiera para el agente aeroportuario de la aerolínea Azul, en Campo Grande, Brasil, Raphael Cavaleiro. A sus 35 años y con varios de ellos en el rubro de la aviación, había llegado a ese momento en su vida en el que creía que había visto todo lo que podía ver y vivir en su trabajo, pero en una jornada laboral que se extendió accidentalmente, le tocó protagonizar un suceso que lo haría merecedor de los halagos de su propio jefe y compañeros.

Un vuelo se canceló y le tocó ayudar a reubicar a los pasajeros sin saber con quienes se encontraría.

jpr_azul / Instagram

Ya que cuando estaba pidiendo los pasajes, se encontró con una familia compuesta por una mamá y un papá con sordera, y sus tres hijos. Ellos le entregaron sus entradas, las que habían comprado por internet, corriendo un riesgo que lamentablemente tuvieron que pagar. Debido a que cuando Raphael recibió sus entradas, enseguida notó que eran falsas.

Pero aún así, no pudiendo creer la desgracia de esas cinco simpáticas personas, decidió meterse al sistema y comprobarlo, sin embargo, estaba en la razón: no había registro de sus nombres, por lo que habían sido estafados. Lo peor era tener que informárselos, y a través de su hija, porque esa niña lo podía escuchar.

“Tan pronto como le informé a la niña, ella pasó la información y los padres estaban muy agitados y pronto la niña comenzó a llorar. Dijo que no podían pagar el boleto, principalmente porque el padre está desempleado (…) Me disculpé, fui a la habitación cercana a mi armario y rompí a llorar. Pensé un poco, me recuperé y llamé a mi coordinador, diciendo que estaba dispuesto a pagar las entradas”

– dijo Raphael Cavaleiro a O Pantaneiro

O Pantaneiro

Conmovido por la situación de esta familia, decidió informarle a la hija que él les pagaría las entradas, poniéndose ella muy feliz y diciéndole que a su padre aún le quedaba un poco de dinero si es que ellos podían aportar, ya que vendieron todo para hacer la mudanza hacia Recife. Sin olvidar que incluso esta pequeña le preguntó si él iba a viajar con ellos, a lo que Raphael respondió que su trabajo consistía en quedarse en el aeropuerto.

Ella quería que los acompañara, por lo que este agente aeroportuario al menos quiso estar al lado de ellos hasta la puerta de salida, donde esa familia que tanto le emocionó, tomaría su avión.

“Fue en este punto que la niña me dijo que era la primera vez que viajaba. Le mostré el avión que venía hacia ella y recuerdo que ni siquiera parpadeó. Cuando llegó, seguimos los protocolos asépticos producto del COVID y luego comenzaron a abordarlo. Pero primero, me dieron un fuerte abrazo, la pareja arriba y la niña por la cintura. Sentí su gratitud”

– contó Raphael

O Pantaneiro

La solidaridad de este joven agente de la aerolínea Azul se dio a conocer tras que el mismo presidente de la compañía, John Rodgerson, publicara la historia en su Instagram. Todo esto después de llamarlo, valorando y agradeciendo su gesto. “Yo había hecho todo de manera muy discreta, hablándoles en voz baja para no crearles vergüenza, solo comenté con un amigo mío que ayudó a recoger el equipaje”, declaró Raphael, luego de no entender como este caso tuvo tanta repercusión.

Después de cinco años trabajando en la aerolínea y habiendo ayudado a varias personas sin divulgarlo, su buen corazón por fin tuvo su merecido reconocimiento.

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