Por Felipe Costa
19 enero, 2021

Yolanda Hernández perdió a sus dos hijas, a su esposo y a su yerno, quedándose sola. Sin trabajo ni estudios su única alternativa fue conseguir figuras del Niño Dios para venderlas como adornos con sus tejidos. Solo pide poder seguir con su vida dejando atrás el dolor.

El año recién pasado significó para muchas familias un averno emocional enorme. La actual pandemia por coronavirus se ha llevado a más de dos millones de personas a nivel mundial obligando a la gente a rehacer sus vidas. Pero cómo se puede sanar el gran dolor de una madre después de perder a sus hijas y a su esposo en cuestión de meses por contagiarse de COVID-19.

Telediario

Yolanda Hernández tiene 75 años, vive en Ciudad de México y hace unos meses se vio obligada a reinventarse para sobrevivir. En 2020 le tocó vivir los dolores más grandes de su vida al ver cómo la pandemia le arrebató a sus dos hijas, a su esposo y a su yerno, quedando sola.

A su edad y sin estudios, Yolanda quedó en un limbo emocional. Perdió a su familia y no tenía dinero, así que comenzó a hacer lo único que sabe para ganar dinero: tejer.

América Hernández Niño Dios

Aún sufriendo la enfermedad de Parkinson, la viuda de 75 años consiguió muñecos del Niño Dios y empezó a tejerles guantes, abrigos y cubrebocas para así venderlos como adornos. En su mente aún estaba el duro recuerdo de su familia, así que se encomendó a la fe.

“Ahora mi pena más grande es que esas hijas que se fueron y que no pude despedirme de ellas, porque murieron de COVID. Sigo echándole ganas. Nunca pensé que mis hijas se fueran tan rápido y que no pude abrazarlas ni nada. Ese es para mí el dolor más grande”.

–Yolanda Hernández a Telediario

América Hernández Niño Dios

El trabajo se ha convertido en su única vía de olvidar su sufrimiento, por lo que teje cada día, publicando luego las creaciones en su página de Facebook. Sus muñecos no tienen alto valor ya que solo necesita el dinero para sobrevivir.

De todas maneras, algunos usuarios en redes sociales han intentado comunicarse con ella para brindarle apoyo económico, una muestra de que la comunidad está ahí para ayudar tendiendo una mano.

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