Por Alejandro Basulto
23 marzo, 2020

Sacó a siete hijos adelante con su máquina y a sus 84 años no se detiene. Decidió fabricar varias unidades de este imprescindible accesorio sanitario con la sola finalidad de hacer un aporte.

La situación global del coronavirus es simple y llanamente preocupante, lo que ha impulsado diferentes y drásticas medidas para lograr ponerle un freno a esta pandemia. Las estadísticas lo explican fácilmente, siendo hasta la fecha, casi 339.600 las personas contagiadas y más de 15.200 las víctimas fatales del COVID-19. Los gobiernos ya están implementado cuarentenas, mientras que a nivel ciudadano, se está promoviendo un espíritu de responsabilidad y solidaridad con uno y con el otro.

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Como ocurre en España, país que a la fecha es el tercer más afectado por el COVID-19, con casi 33.1000 casos de contagios y casi 2.200 fallecidos producto de esta enfermedad que surgió en China, en la ciudad de Wuhan. Gobierno del país, que entre las medidas que ha llevado a adelante, está la de la cuarentena general obligatoria y el reciente cierre de todas las fronteras durante 30 días. Además de enviarse recursos a los municipios para que repartan comida y bienes indispensables a domicilio.

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Esto sumado a la prohibición de cortar el agua, la luz o el gas, a los sectores vulnerables durante esta crisis de salud. Y sin olvidar tampoco un plan de fabricación nacional de material sanitario. Adelantándose a aquello, por cierto, una señora de 84 años que vive en Madrid.

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Se trata de Margarita Gil Baro, una anciana que crió a siete hijos, llevándolos adelante gracias a su trabajo en la máquina de coser. Actividad que realiza desde los diez años, y trabajo a través del cual conoció a su marido, Antonio, quien falleció hace ya quince años. Ella llegó a coser para varios diseñadores de renombre, y ser por ejemplo, una de las primeras costureras de marcas tan conocidas como El Corte Inglés, en caso de las ropitas de bebé. Y ahora la situación de su país le preocupa y le acongoja, por lo que se puso a hacer lo que mejor sabe hacer.

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Fue así que sabiendo que ella misma pertenece al grupo de riesgo, y de que hay mucha gente que se debate entre la vida y la muerte, que se empeñó a hacer mascarillas con una tela blanca forrada de algodón de cuatro metros que tenía en su casa. De una jornada de cosida el sábado, fabricó 50 mascarillas. Todas perfectas. Simétricas, blancas, con sus cuatro tiras para atarlas.

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Esto nació tras ver una cartilla de racionamiento de la posguerra, decidiendo escribirle a su hijo. Explicando las penurias que pasó durante ese momento, y no logrando comprender tanta queja debido a que no se puede salir a la calle.

«Me dijo que lo pasaron muy mal. Me contó que, en la época de más hambruna de Jerez, donde ella vivía de pequeña, a mayores penalidades más se ayudaban los vecinos (…)  Si ahora nos mandan el confinamiento, y hoy tenemos playstation, internet, las tablets, las televisiones llenas de canales, y hablamos entre nosotros por videollamada… cómo es posible que nosotros, que entonces no nos quejábamos, nos quejemos ahora porque no se puede salir a la calle»

– contó su hijo, Domingo, a El Mundo sobre la carta que ella le envió.

Y por eso, Margarita tampoco podía quedarse brazos durante esta crisis. Por lo que se puso a hacer mascarillas. Quedándose hasta la fecha sin telas. «Hoy me ha dicho por teléfono que si puedo comprarle más tela. Me ha pedido 20 metros. Lo que no sé es cómo voy a comprarla y cómo voy a llevársela», contó Domingo. Quien cada vez que va a verla, lo debe hacer desde lejos, sin acercarse, guardando la distancia y solo saludándola por la ventana. Mientras ella, esta señora que sabe de esforzarse y pasar dificultades, sigue trabajando para abastecer de mascarillas a su pueblo.

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