Por Pamela Silva
23 junio, 2017

¿Quién crees que ganó?

Erik Finman, de Idaho, Estados Unidos, tenía sólo 12 años cuando su abuela le regaló 1.000 dólares en 2011. Con ese dinero Erik podría haber hecho muchas cosas: comprar comida o videojuegos, pero el niño decidió irse por otro camino e invertir todo el dinero en bitcoins.

Los bitcoin son la moneda virtual, la divisa con la que se hacen transacciones en los mercados virtuales. En esa época, cada unidad tenía un valor de 12 dólares, actualmente cuesta 2.700.

Mientras crecía, a Erik le desagradaba cada vez más ir a la secundaria.

«Era una escuela de muy baja calidad. Tenía a estos maestros que eran todos negativos. Uno de ellos me dijo que dejara la escuela y trabaja en un McDonald’s porque eso era todo lo que podría hacer por el resto de mi vida».

-Erik Finman.

Y eso fue lo que hizo, con 15 años Erik dejó los estudios e hizo una apuesta con sus padres: Si era millonario a los 18 años, no lo harían ir a la universidad -después de todo la universidad puede ser peligrosa-.

Ese mismo año, Finman vendió sus primeros bitcoin a 1.200 dólares la unidad. ¿Resultado? Incrementó sus ganancias en 10.000%. Y con el tiempo, acumuló una fortuna de 1,09 millones de dólares.

En cambio, ocupó sus ganancias para viajar por el mundo y mudarse a Silicon Valley donde comenzó a trabajar en Botangle, su propia empresa dedicaba a la educación en línea para personas como él.

«La forma en que el sistema educativo está estructurado ahora, no lo recomendaría. No funciona para nadie. Puedes aprender un millón de veces más de YouTube o Wikipedia».
-Erik Finman.

¿Un genio, no? Crear tu propia empresa nunca es sencillo. Además, Erik trabaja junto a la NASA en un proyecto para lanzar un cohete.

Cada uno debe buscar aquello que lo llene más y no seguir patrones preestablecidos. 

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