Por Alejandro Basulto
10 diciembre, 2019

Samantha Flores sacó adelante Laetus Vitae, una asociación para ancianos de la diversidad sexual, a quienes le da un hogar y cuidados.

Se ha dicho hasta el cansancio: A pesar de los respectivos avances en cada país y alrededor del mundo, todavía son muchos los lugares que están en deuda con la comunidad LGTBIQ. Aún existen países en que se les asesina legalmente por ser como son, o en los que simplemente se les mata cuando personas con odio en sus corazones, tienen la oportunidad.

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Ni hablar de la igualdad de la derechos, porque todavía son muchas las naciones donde todavía una persona gay no puede casarse, adoptar, o una persona transgénero tener derecho a su identidad de género y a los posteriores tratamientos y operaciones que requiera para estar feliz consigo misma.

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Y eso fue lo que de seguro pensó la activista transgénero, Samantha Flores, cuando fundó el primer albergue para adultos mayores LGTBIQ en México. Siendo este uno de los países con las mayores tasas de delitos por homofobia en el continente. A pesar de que en los últimos años se ha avanzado gracias a la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en 19 de los 32 estados, habiendo 11 estados que reformaron su código civil para hacerlo más coincidente con la ley federal. Sin olvidar que además las parejas homosexuales pueden adoptar en 16 estados.

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Aún así, el país en el que vive Samantha, está lejos todavía de ser un país seguro para las personas LGTBI, por lo que esta mujer trans que nació en 1932 y que es activista desde hace 22 años, decidió ponerse manos a la obra y llevar adelante Laetus Vitae. Influenciada también por un amigo que tuvo, que era como su hermano y que falleció debido a padecimientos causados por el VIH-SIDA.

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“En general la población LGTBI tiene todas las necesidades. Pero la más importante para nosotros, la gente de la tercera edad, es número uno: la soledad. Como no tenemos familia, nunca nos casamos, no tuvimos hijos. Estamos solos y estamos la mayoría arrimados a la familia de los hermanos, de las hermanas. Y sucede que mucha gente gay de la tercera edad se vuelve a meter al clóset para ser admitido por su familia”

– declaró hace un año, Samantha Flores, a CINU.

Hoy gracias a activistas como Samantha, las personas LGTBI tienen un lugar donde los puedan hospedar. Siendo en esta ocasión, ancianos los beneficiados, que de por sí ya son muchas veces abandonados por solo tener su edad.

 

 

 

 

 

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