Por Constanza Suárez
14 febrero, 2020

Mary Anderson patentó su invento, pero tuvo que lidiar con el constante rechazo. Si bien no obtuvo dinero por su invento, sí -un tardío- reconocimiento en 2011.

Viajas en automóvil y de pronto comienza a llover. Tu visión se nubla, pero la solución es fácil. Sabes que debes encender el limpiaparabrisas y listo. Ahora ¿puedes imaginar un mundo sin ese simple objeto? Seguro no, pero Mary Anderson vivía en aquella realidad paralela llamada 1902.

Durante un viaje en tranvía a Nueva York, comenzó a nevar. Anderson observó que el conductor tenía que salir  y limpiar continuamente el parabrisas. Naturalmente, eso causó demoras y Anderson se preguntó ‘¿qué pasaría si hubiera algún tipo de cuchilla que pudiera limpiar el parabrisas sin hacer que el conductor salga del tranvía?’, según contó Sara-Scott Wingo, rectora de la Iglesia Episcopal Emmanuel en Richmond, y tataranieta de Anderson. 

Anderson regresó a Birmingham y dibujó un boceto de su dispositivo y escribió una descripción del mismo. Luego solicitó una patente que describía cómo el limpiaparabrisas debía ser operado por una manija dentro del vestíbulo del automóvil, y ser fácilmente removible, “sin dejar nada que estropee la apariencia habitual del automóvil durante el buen tiempo”, según el documento original.

Enciclopedia de Alabama

La solicitud se presentó el 18 de junio de 1903. El 10 de noviembre de 1903, la Oficina de Patentes de los Estados Unidos otorgó a Anderson el número de patente 743.801 por su Dispositivo de limpieza de ventanas.

Wingo dice que su tatara-tatara trató captar el interés de las empresas manufactureras para que confeccionaran el dispositivo para la emergente industria automotriz, pero no consiguió a ningún comprador.

De hecho en una carta que Wingo aún guarda, la firma Dinning y Eckenstein muestra su total rechazo al invento: “rogamos acusar recibo de su reciente favor con referencia a la venta de su patente. En respuesta, lamentamos declarar que no consideramos que tenga un valor comercial que justifique nuestro emprender su venta”, escribieron.

The United States Patent and Trademark Office

De seguro esas personas no pensaron en que este sería uno de los inventos más populares y más útiles para la vida moderna.

Wingo no sabe con certeza por qué el invento de Anderson nunca llegó a puerto, pero sospecha que podría haber sido porque Anderson era mujer y una muy independiente.

“Ella no tenía padre; no tenía esposo y no tenía hijos. Y el mundo estaba dirigido por hombres en ese entonces”, dijo Wingo a NPR.

Pixabay

No parece que Mary Anderson fuera la clase de mujer a la que aplastaron los rechazos. Vivió otros 50 años, el tiempo suficiente para ver cómo los limpiaparabrisas se convertían en un éxito.

Ciertamente, los logros de Anderson son importantes para Wingo y su familia.

“Todos estamos muy orgullosos de ella. Tengo tres hijas. Hablamos mucho de Mary Anderson. Y todos sentimos que queremos ser abiertos y receptivos a nuestros propios momentos de Mary Anderson”, dijo Wingo. 

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Anderson no obtuvo dinero por su invento, como la mayoría de las mujeres inventoras, pero al menos finalmente obtuvo algo de crédito. En 2011 fue incluida en el Salón de la fama de los inventores.

 

 

 

 

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