Por Felipe Costa
13 enero, 2021

Jacqueline Nyetipei Kiplimo era la favorita para ganar la maratón china en 2010, pero al ver a un competidor sin brazos deshidratado, se vio obligada a desacelerar para darle agua. El gesto le costó la medalla y dejar de ganar 10.000 dólares.

El fair play o juego limpio quizás nunca cobró tanto sentido como lo sucedido en la maratón internacional de Zheng-Khai en China. Se trata de una imagen que circuló por todo el mundo al demostrar una calidad de humildad pocas veces vista en el deporte.

Dream Alcalá

La atleta Jacqueline Nyetipei Kiplimo, de 34 años, proveniente de Kenia, se encontraba entre los primeros lugares de la carrera en la categoría femenina. Favorita para ganar la competición y con cierta ventaja de los demás competidores, se percató de algo que la obligó a cambiar su ruta. Era un corredor chino sin brazos que a lo largo de toda la carrera no había podido tomar un solo sorbo de agua.

Jacqueline, al ver el evidente estado de deshidratación del competidor, a quien nadie le había ayudado, decidió ir por él y ofrecerle una botella de agua, desacelerando el ritmo, pero no le importó.

Dream Alcalá

Desde el kilómetro 10 hasta el 38, se quedó a su lado para darle de beber y una vez que ya podía continuar solo, la atleta siguió su marcha para ir por el primer lugar y ganar la carrera, sin embargo, otra corredora, compatriota suya, Emily Samoei, se aprovechó de la situación adelantándola, quitándole el primer lugar, la medalla y el preciado premio de $10.000 dólares.

Aquella carrera en 2010 pasó a la historia. Quizás Samoei ganó el primer lugar, pero quien apareció en las portadas fue Jacqueline, demostrando el verdadero espíritu deportivo, digno de una competidora de elite mundial.

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Una mes después, el corredor chino logró reencontrarse con la keniata en la media maratón de Yong Zhou, para agradecerle toda la ayuda que le brindó, aprovechando de contarle su historia de cómo a los 8 años perdió ambos brazos debido a un accidente de tráfico.

Maratón de Zheng Khai

Para ese entonces, Jacqueline ya ostentaba fama mundial por su calidad de atleta como ganadora ya de 7 maratones solo en 2009, siendo este suceso en China un punto clave para su desarrollo personal. Devota del cristianismo tomó esa carrera como una señal y desde entonces se ha dedicado a ayudar a personas con discapacidad por medio de una fundación.

Cree firmemente que no fue nada al azar, sino un mensaje de Dios.

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