Por Katherine Gallardo
10 Julio, 2017

¿Qué lleva a una niña de 15 años a verse de esta forma?

Niamh Fitzpatrick tenía sólo 15 años cuando se dio cuenta de que estaba al borde de la muerte. Una broma cruel por parte de su novio hizo que algo en su cabeza detonara una crisis que la llevó a dejar de comer y terminar ocupando la única ropa que le quedaba bien: la de una niña de cinco años.

Fue un verano, cuando a Niamh, su novio de entonces, le dijo “gorda”. Según él “era sólo una broma”, por lo que pasó como si nada. Semanas más tarde, descubrió que su “novio”, estaba con otra. Ambos hechos la llevaron a compararse obsesivamente con la nueva novia de su ex. A pensar que -tal vez- si no hubiera sido “gorda”, nada de eso hubiera pasado.

Si bien ya era delgada, decidió comenzar una dieta. Sus piernas, siempre fueron más gruesas debido a que comenzó a practicar danza a una muy temprana edad. En ese entonces no lograba reconocer que no estaba “gorda”, que sólo tenía musculatura. En sólo un mes, redujo su ingesta de calorías a sólo un sandwich a la hora de almuerzo, llegando incluso a comer sólo una rebanada de pan integral diario. Además, hacía 50 mil sentadillas, en la noche, para que nadie notara su obsesión.

Su pelo comenzó a caerse, no podía ponerse su ropa habitual, lo único que le quedaba era la ropa de una niña de 5 años. Algunos de sus amigos le dijeron que buscara ayuda. Gracias a ellos, habló con el consejero de su colegio y posteriormente con sus padres. Lo que vino después fueron cinco años entrando y saliendo de hospitales. Llegó a estar en la unidad psiquiátrica, conectada a máquinas que la ayudaban con su respiración.

La mayor preocupación de los doctores era su corazón, el cual se deterioraba aún más. Fue recién en ese punto, en que Niamh se sintió distinta. “Estaba sentada en el hospital, mirando por la ventana, cuando comencé a pensar que extrañaba mi hogar, que ya no quería esa vida, que quería volver”.

Fue un largo camino. Comenzó por obligarse a hacer sus comidas, mantener su mínimo peso y luego, comenzar a ganar un poco más. La parte más difícil fue comer sin supervisión, ya que sentía que nada le impedía volver a sus antiguos hábitos. Sin embargo, estaba decidida a pelear incluso consigo misma para vencer su enfermedad. Fue así, como luego de años, la declararon mentalmente sana. Pudo volver a su hogar, con la promesa de volver a internarse voluntariamente en caso de volver a perder peso.

Hoy su vida es tal como ella quiere que sea. Tiene 25 años, es profesora de danza y tiene planes de abrir una academia de ballet. Admite que su relación con la comida siempre será un problema, pero sabe que ya pudo superar lo peor. Ahora sabe que su fortaleza es la determinación por lograr sus metas y quiere continuar compartiendo su experiencia con el mundo. Quiere que todas las chicas sepan que las palabras hieren, pero está en ellas mismas decidir hasta qué punto vale la pena otorgarles poder.

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