Por Luis Lizama
26 septiembre, 2019

Él seguía preguntándole «¿por qué está haciendo esto?».

Las librerías poseen una magia única. Contienen miles de historias, secretos y conocimiento. Con ese olor especial, el silencio, ocurren cosas que sólo allí pasarían. En una de ellas pasó algo único, que una de sus trabajadoras plasmó en un relato de Facebook.

Era un día normal en la librería, hasta que una abuelita entró para comprar algunas cosas, sin embargo, sorprendió a todos allí adentro con su actitud. La historia se hizo viral. 

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La chica comienza el relato explicando que tenía un trabajo normal, en un buen lugar, clientes agradables y nada extraño. Uno de aquellos días llegó una pequeña anciana, adorable por lo demás.

Estaba muy alegre y contenta de estar allí, amaba esa librería. Contaba además que le encantaría poder pasar más tiempo en el lugar, pero su marido la esperaba en el auto. «¡Oh! Mejor compraré un chocolate para él», exclamaba la expresiva anciana para sacarle una sonrisa. Era completamente encantadora. 

Cuando llegó hasta el mostrador para comprar, apiló todos sus libros y una vez terminado, comentó a la chica del relato cuán lindo era el flequillo que tenía, que le hacía recordar el océano. «Wooosh«, decía, mientras hacía gestos de olas con las manos. La bibliotecaria estaba feliz de ver a alguien tan agradable, pensando también que las abuelitas eran sus clientas favoritas. Pensó que la haría pasar un buen momento y que sería amable con ella. 

Imagen referencial – Pixabay

Pasaron los minutos cuando se acercó un chico. Había estado un par de veces ahí, normalmente para comprar textos escolares. 

La pequeña abuela se volteó para decirle que pusiera sus libros junto a los de ella, para pagar por todo.

Él estaba confundido y no entendía qué pasaba, a lo que ella explicó que quería pagarle los libros. Era un regalo.

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El niño se puso pálido, no entendía absolutamente nada. Le agradeció, pero se negó, no podía aceptar aquello. El total era de unos 400 dólares, para nada poco. Ante la negativa, la pequeña mujer le arrebató los libros de la mano y los apiló junto a los suyos. Se volteó hacia la bibliotecaria para que le cobrara y pusiera todo en la misma factura. Él estaba choqueado, en blanco.

Ella volvió a girar para decirle al niño «Tú necesitas chocolate», repitiendo lo mismo que decía a su marido para calmarlo. Así que tomó algunos y los puso junto a los libros.

«Él seguía preguntándole «¿por qué está haciendo esto?» Ella respondía «¿Te gusta Harry Potter?» Y también arrojó una copia del libro.

Finalmente terminó y tuvo que pagar una loca cantidad de dinero. Pagó y me pidió que le dé al niño algunas bolsas para sus cosas. Mientras empacaba su mercancía, el niño la abrazó. Ambos le dijimos lo increíble que era y lo increíble que había hecho.

Se volvió hacia los dos y dijo, probablemente, una de las cosas más profundas y sin guión que he escuchado:

Es importante ser amable. No puedes saber todas las veces que has lastimado a las personas de manera diminuta y significativa. Es fácil ser cruel sin querer serlo. No hay nada que puedas hacer al respecto. Pero puedes elegir ser amable. Se amable»

Relató la bibliotecaria a través de sus redes sociales.

Imagen referencial (Story Blocks )

El niño volvió a agradecer y se fue. Ella partió detrás y dijo a la bibliotecaria:

«Mi hijo vive en las calles y es adicto a las metanfetaminas. No sé qué pude haber hecho».

«Vi a ese chico y vi al hombre que mi hijo podría haber sido si alguien hubiese sido amable con él».

Le relató la anciana con gran tristeza.

Empacó todas sus cosas, completamente nerviosa y sin saber qué decir ante tal confesión. Ella volteó por última vez  y dijo: «desearía poder tener un flequillo así, pero mi maldito cabello es demasiado rizado».

Esa es la historia de la mejor cliente que ha tenido la bibliotecaria, según ella misma relata.

Sean amables.

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