Por Diego Aspillaga
13 diciembre, 2019

«Estuvo espectacular, me hizo sentir joven de nuevo. Amé cada segundo», dijo la acalorada señora.

La navidad se celebra con todo en el hogar de ancianos de Suffolk, Inglaterra.

Comida, bebida, juegos de mesa y libros nuevos hacen que la celebración de fin de año sea de las fechas favorita de abuelitos y abuelitas.

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Y si bien la comida y los juegos son buenos, la parte preferida de todos los ancianos es sin duda el «árbol de los deseos».

Esta dinamica, organizada por la dirección del hogar, permite que los residentes pongan en un papel su regalo o experiencia que les gustaría recibir durante las celebraciones. Y, al final de la noche, se sortea entre los papeles a un ganador para cumplir su deseo.

En general, las peticiones son bastante normales: paseos por la playa, ropa nueva, lana para tejer o correas para anteojos se repetían en la bolsa de los deseos.

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Pero este año, una residente decidió escribir su verdadero deseo de navidad: un musculoso stripper disfrazado de bombero. Con grandes biceps, si era posible.

Al leer la petición de  la mujer, desde la dirección de la casa de retiro no dudaron en cumplir el deseo de la fogosa abuelita, quien soñaba con sentir la sensualidad nuevamente luego de largos años de relegarla a un segundo plano.

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Un par de semanas después del evento, y justo a tiempo para el té de la tarde, un musculoso y engrasado bombero entró la casa, llamando la atención y volteando las blancas cabezas que miraban con curiosidad. 

Buscando entre los pasillos, encontró a la mujer sentada en la sala del hogar, conversando con una de sus tantas amigas.

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El hombre, sin hablar ni una palabra, giro la silla en la que estaba sentada la abuelita y comenzó su baile.

La música llenó las habitaciones de la casa y todos los residentes salieron de sus habitaciones para ver a qué se debía esa conmoción.

Pocos esperaban ver a una de sus compañeras recibiendo un sensual baile de un hombre que ya estaba en su ropa interior, restregándole sus enormes biceps en la cara mientras ella reía contagiosamente. 

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Cuando el baile llegó a su fin, calurosos aplausos y efusivos gritos celebraron la performance del bombero, quien se salió del personaje para por fin saludar conversar con la mujer.

«Pienso que estuo genial. Ojalá pudiera visitarnos todos los días. Me hizo sentir joven de nuevo, amé cada segundo», dijo a la cadena BBC en una entrevista.

Por su parte, la administradora del hogar de ancianos, Sharlene Van Tonder dijo que cumplieron el ardiente deseo de la anciana porque «la vida en retiro no es sólo tejer o ver televisión».

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«Nos esmeramos para que no hayan límites y que cada día aquí sea diferente y divertido», agregó.

Y ese día, sin duda, no hubo límites.

 

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