Por Constanza Suárez
30 agosto, 2019

Sidmar, de 16 años, vendía dulces en la calle para comprarse pantalones y no sentir frío en la escuela. Un hombre lo vio y quiso ayudarlo de inmediato.

Murilo Matos Mendonça, un hombre de 50 años caminaba por las calles de Florianópolis, en Brasil cuando se topó con un niño de 16 años, que se desempeñaba como vendedor ambulante.

Conversó con el joven Sidmar y se enteró que vendía dulces fuera de un restaurante: había visto un par de pantalones, quería ahorrar dinero para comprarlos y así poder ir a la escuela. El niño solo quería un par de pantalones que lo abrigara durante sus clases, así que Murilo no dudó y quiso ayudarlo. Entonces fue hasta la tienda Centauro y compró los que Sidmar anhelaba.

Facebook/Murilo Matos Mendonça

Claramente llenó de felicidad al joven, quien le agradeció profundamente su generoso gesto. Pocos se darían el tiempo para hacer algo como esto. Sin embargo, la cadena de amor no se detendría ahí.

Pocos días después de la compra, Murilo recibió un correo electrónico de la tienda preguntando cómo había sido su experiencia con la compra, según contó en su cuenta de Facebook. 

El hombre respondió contando la historia completa sobre los pantalones y Sidmar. Al final del mensaje, sugirió que tal vez pudieran ofrecer al niño un regalo, para ampliar su closet para los días fríos. 

Facebook/Murilo Matos Mendonça

Al día siguiente, recibió la respuesta de Centauro, en São Paulo, que comenzaba: “Leí su mensaje con mucha atención”. Y es que en la tienda también quisieron unirse a la causa a favor del joven y lo contrataron en una de sus tiendas. 

“Hoy, finalmente, podemos entender lo mucho que vale un par de pantalones. No es un cálculo que se pueda hacer en ningún ordenador. Se trata de una matemática inexacta; se trata de ciencias humanas. Muchas gracias a la gente de centauro, una empresa enorme, pero que no dejó perderse dentro de su gran estructura el elemento humano”, escribió Murilo en su muro.  

Facebook/Murilo Matos Mendonça

Luego agregó: “Gracias por permitirme participar en este aprendizaje. Gracias también a la gente del restaurante central, que tan bien tratan bien a este niño. El capítulo final de la historia del par de pantalones no es sino el principio de una nueva historia. Hay que amar a la gente como si hubiera mañana. Para mí, este es el verdadero significado de «honrar los pantalones que usted ( hombre o mujer ) viste».

 

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