Por Andrés Cortés
15 marzo, 2018

“Durante el viaje de cáncer de mi marido, encontré los lugares más interesantes para llorar donde él o cualquier otra persona no me viera”, contó después.

Para muchos la tristeza es un sentimiento necesario en la vida. Algunos atrevidos incluso dirán que “les gusta estar triste”, pero todos sabemos que aquel sentimiento angustiante y desolador que te invade por unos minutos, puede transformarse en una verdadera pesadilla de la cual escapar puede requerir de gran esfuerzo. 

Diana Register era una viuda desconsolada quien sufría la pérdida de su esposo a manos de un cáncer de páncreas. Pero las lágrimas que brotaban por los ojos de Diana comenzaron antes que este muriera. Incluso antes que se le diagnosticara la fatídica enfermedad.

Imagen Referencial – Unsplash

La joven viuda explica que su llanto no tenía freno y podría ocurrir por cualquier motivo y, por peor, en cualquier lugar.

Todos sabemos que las emociones atacan en momentos inesperados y por sobre todo en los lugares muchas veces menos apropiados. Ya sea un mensaje de alegría que nos hace reír o gritar así como un acto desolador que inunda nuestros ojos y cuerpo con un angustioso sentimiento.

Si bien no existe nada malo en llorar, no deja de ser incómodo ejecutar este acto en público, pues las miradas de las personas que caminan a nuestro alrededor son casi juzgadoras de nuestros sentimientos, incluso cuando lo hacen por preocupación o con la intención de ayudar.

Es por esto que Diana diseñó un “sistema de escape” cuando la tristeza invadiera su cuerpo. Por muy melancólico que suene.

Durante el viaje de cáncer de mi marido, encontré los lugares más interesantes para llorar donde él o cualquier otra persona no me viera“, señaló para el sitio Love What Matters.

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El armario era uno de los favoritos. O la ducha. Pero cuando no estaba en casa, los estacionamientos se convirtieron en un oasis cubierto de asfalto. Y luego está esa sensación que tienen después de una tragedia en la que no te importa qué es lo que la gente piense de ti, pero al mismo tiempo no quieres tener que explicar nada”.

-Diana Register

Desde el comienzo de la enfermedad de su marido (incluso un poco antes) los estacionamientos se transformaron en el lugar tránsfugo de Diana en donde no le interesaba dejar su coche para ir por trámites o visitar un centro comercial. Lo único que ella deseaba era llorar sin que nadie la incomodara.

Pero su paraíso melancólico se destruyó un día mientras hacía una fila en un reconocido local de café. Quedaban pocos clientes más para que su turno llegara y pudiera solicitar su producto favorito. Pero en ese momento, la angustia la invadió.

No podría dejar la fila, tampoco podía salir porque el lugar estaba repleto y el ambiente con música, trabajadores jóvenes y personas alegres poco a poco se transformaba en el completo antónimo de su síntoma corporal.

Fue entonces cuando echó a llorar y llegó así a caja, a pedir su café.

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Su cara estaba descompuesta. Su maquillaje se derretía por sus mejillas y articular una palabra le fue imposible. La joven que atendía el café la miró y de alguna forma entendió qué ocurría. Le preparó un café y se lo entregó. Ninguna dijo una palabra y Diana lo tomó y salió lo más rápido posible.

“Intenté sonreír cuando lo recibió, me alejé y terminé una llamada. Para entonces, había entrado en un puesto del estacionamiento e intentaba recuperar la compostura. Cogí mi café helado y cuando miré hacia el portavasos, lo vi:”

Un popote rosa y 3 palabras escritas sobre el protector. “Te amamos”.

“Esta chica a penas me conocía. No sabía nada de mi historia o por qué estaba llorando. Todo lo que ella sabía en ese momento es que algo me dolía. Ella no podía arreglarlo, no podíamos hablar de eso. No podía abrazarme.

Pero utilizó la única herramienta que tenía: un bolígrafo y un popote rosa.

Ella quería que supiera que no estaba sola. Que sea cual sea el problema que estaba pasando, habían personas que se preocupaban por mí. Que a pesar de todos los detalles, les importaba a todos”.

Este pequeño acto de generosidad que recibió Diana no la ha olvidado y la ha llevado consigo, compartiendo esta historia con quien cree que la necesite para recordarnos y recordarle al mundo que siempre hay alguien que se preocupa por nuestra felicidad o alegría, incluso, cuando no nos conocen.

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