Por Alejandro Basulto
16 septiembre, 2019

A pesar de que sus familiares adultos en un principio no confiaron en él, a través de unos pocos intentos logró salvarle la vida al pequeño de tres años.

Los almuerzos familiares son instancias de conversación, para compartir con seres queridos, ponerse al día y tratar con cariño a los más pequeños. Y así iba tranquilamente una comida en Brasil, más precisamente en Barreto. En pleno barrio de San Antonio, con una familia compuesta por el abuelo, tíos y tías, que compartían entre sí y con los niños cuando de repente un hecho peligroso cambió la tarde. Debido a que uno de los niños, el más pequeño, David Illyrus, de tres años, tenía una espina de pescado atrapada en la garganta, y se estaba empezando a ahogar.

Rafaela Leal / G1 PI

Un gran susto, que solo se tornó en alivios y risas, gracias al actuar heroico de otro pequeño: Walter Neto, de tan solo siete años. Quien es estudiante del proyecto Zamuzinho, donde se le ha enseñado técnicas de primeros auxilio, como la maniobra Heimlich. Esta última fue la que utilizó para salvar a su primo, pero en un principio, sus tíos y abuelo no confiaban mucho en él.

Rafaela Leal / G1 PI

De hecho, a pesar del ofrecimiento del pequeño héroe, su abuelo y su tía se turnaron primero para intentar ayudar a David, pero fracasaron. Por lo que dejaron a Walter que intentara, quien tras uno, dos y tres intentos, logró retirar la espina de pescado de su primito menor de tres años. Todo gracias a lo que había aprendido de los profesionales del Servicio Móvil de Atención de Emergencia.

“Mis padres no pudieron ayudar a David, así que comencé el procedimiento. Nunca había hecho algo así en estas condiciones. He hecho la maniobra tres veces (…) Después de recibir la espina de pescado, fui a decirle a todos en casa que la tenía y que estaba muy feliz»

– declaró Walter a G1.

Rafaela Leal / G1 PI

A sus cortos siete años, se terminó transformando en el héroe de la jornada. Mientras que su familia llamó a SAMU, para agradecer a los maestros por su proyecto Samuzinho, gracias al cual, niños entre siete y 13 años reciben formación para situaciones de emergencia, como la que enfrentó Walter con suma tranquilidad.

 

 

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