Por Alejandro Basulto
25 junio, 2019

El activista creativo, Pedro Reyes, recolectó las pistolas que posteriormente derritió para su proyecto Palas por Pistolas. El cual ha sido expuesto en la Galería de Arte de Vancouver, en el Instituto de Arte de San Francisco, en la Maison Rouge en París y entre otros lugares del mundo.

El arte no es solo algo estéticamente apreciable y agradable a la vista, sino que también contiene un mensaje. Es una forma de expresión. Por la cual muchos artistas han manifestado sus emociones, sus anhelos, sus pensamientos, sus críticas y las causas que los motivan. Y el activista creativo, Pedro Reyes, de una manera muy peculiar expresa lo que lo mueve.

A este artista de Ciudad de México, le gusta enfocarse en los fracasos de la cultura moderna pero vistos desde una perspectiva positiva. Realmente, él no cree en los fracasos, sino que más bien piensa que todo depende de la perspectiva con que se le mira. Visión que le ha permitido moldear a objetos rotos con tal de hacerlos ver de una manera nueva y atractiva.

PEDRO REYES

Y así llegó a las armas, sintiendo que podía crear algo positivo de su materia. Por ello, empezó una campaña para solicitar a los residentes de su localidad que entreguen sus pistolas a cambio de recibir un cupón que podrían utilizar para comprar aparatos electrónicos y electrodomésticos.

Gracias a esta iniciativa, Pedro logró recolectar 1.527 pistolas para su proyecto Palas por Pistolas, para el cual las fundió y las transformó en 1.527 cabezas de pala. Su finalidad con esto, es repartirlas entre instituciones de arte y escuelas públicas, con la finalidad de que dichas comunidades al menos planten 1.527 árboles.

PEDRO REYES

«Si algo se está muriendo, se está pudriendo y huele mal, creo que existe la posibilidad de hacer un compost en el que este vasto catálogo de soluciones se pueda mezclar de una forma completamente nueva»

– dijo Pedro Reyes a la revista BOMB.

Estas palas han llegado a la Galería de Arte de Vancouver, al Instituto de Arte de San Francisco, a la Maison Rouge en París y a otros lugares parecidos del mundo. Entregando su mensaje: que un agente de la muerte puede convertirse en un agente de la vida.

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