Por Ignacio Mardones
30 abril, 2020

“Así se veía a sí mismo. Con su bata, estando ahí para servir a sus pacientes”, contó Geoffrey Rose sobre su colega.

Hoy vamos a hablar de un héroe con todas sus letras. No existe otro calificativo para este hombre. Es la pura verdad. Lo que ha hecho el doctor Francis Robicsek  es darse por entero a sus pacientes, a su comunidad, a cualquiera que necesitara ayuda médica. Nos dejó hace poco, por causas naturales, con 94 años y un legado maravilloso: centenares -o tal vez miles- de personas con vida. Alguno pensará que “es lo que hacen los doctores”, y bien, merecen los aplausos, pero no sería nada tan extraordinario como para adentrarse en una historia en particular. El caso de Francis es diferente (sin desmerecer al resto). Porque, tanta era la pasión por su labor, tantas sus ganas de servir, que antes de dar el adiós definitivo ordenó que lo enterraran con su bata de trabajo. Él quería irse vestido con el atuendo que usó día a día para tratar a los necesitados.

Robicsek vivía en Carolina del Norte, en la ciudad de Charlotte. Su especialidad era la cirugía de corazón. Aunque residía en los Estados Unidos, su país de origen era Hungría. Nació en esa tierra en 1925.

Pero fue en Norteamérica donde sus méritos tuvieron lugar.

Comenzando con sus hazañas, podemos decir que fue pionero en innovar dentro del pabellón de cirugía. Francis está registrado como uno de los primeros en practicar un operación de bypass al corazón, en 1950, y ayudó en el primer trasplante de corazón realizado en la ciudad de Charlotte el año 1986, según indica el medio The Charlotte Observer.

Atrium Health

Otro dato es el de que fundó Atrium Health Sanger Heart & Vascular Institute, instituto en el cual practicaría más de 35.000 cirugías.

Todos en su ciudad lo conocían. Todos tenían una historia para contar sobre él, en relación a que había curado/operado a tal o cual persona familiar, según cuenta Rose, una mujer que lo conoció por 25 años.

En resumen, era una eminencia.

Suele describirse a Robicsek como un innovador en su campo. Patentó una gran cantidad de instrumentos al igual que procedimientos para mejorar las cirugías. Él, junto con sus compañeros Paul Sanger y Fred Taylor, se hicieron cargo de las primeras operaciones al corazón en la ciudad. Para su trabajo necesitaban máquinas a las que no tenían acceso, pero eso no los detuvo; Francis viajó con un amigo ingeniero a estudiar las máquinas modernas, con el objetivo de construir una propia en su garaje de Charlotte y salvar vidas. Ya armado el artefacto, el doctor pasó años cargándolo en su camioneta y llevándolo a los hospitales que lo necesitaran.

Atrium Health

No sólo era experto como cirujano, su calidad humana ha sido resaltada por muchos, según cuenta Rose. Siempre fue afectuoso al tratar a sus pacientes, y se preocupaba por todos, tuvieran o no los recursos para pagarle. Sobre esto, se sabe que en la época de segregación racial en Estados Unidos, los pacientes negros de Charlotte tuvieron que ser atendidos en un hospital diferente al resto, llamado Good Samaritan Hospital. Robicsek no tenía permitido trabajar en ese lugar, sin embargo, no se quedó de brazos cruzados: hizo que aceptaran a aquellos pacientes en un hospital de tuberculosis (pese a no estar contagiados de la enfermedad), con tal de que él pudiera ingresar y tratarlos del corazón.

TODD SUMLIN

América Latina también agradeció la mano generosa del doctor. En los años ’60s, visitó con fines médicos los países de Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, junto con otros de la zona central, con el objetivo de seguir esparciendo sus conocimientos acerca del corazón, además de operar a quien lo requiriera. Su compromiso social no acabó allí. Por esa década, llevó en un avión militar a pacientes de Guatemala a su ciudad de Charlotte. Los operaría de urgencia y luego los devolvería a su país, ya sanos.

Atrium Health

Pero bueno, lo que nos trajo a hablar sobre Robicsek fue su muerte, ocurrida el 3 de abril de 2020. De sus últimos momentos queda por decir quizás lo que sería el sello de una vida dedicada al servicio de los demás. El doctor quiso que lo enterraran con su bata médica puesta. La ropa que lo convirtió en un héroe.

Dignity memorial

“Así se veía a sí mismo. Con su bata, estando ahí para servir a sus pacientes”.

-Contó el doctor Geoffrey Rose a CNN

Ahora, en estos días en que el coronavirus causa estragos, no podemos dejar de celebrar vidas como la de Robicsek. Su tarea debe ser reconocida. Fue una luz para muchos, un salvador de miles.

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