Por María Noriega
9 enero, 2017

El 31 de diciembre del 2013 es un día que Ruslan y Anastasia Odonec nunca olvidarán.

El 31 de diciembre del 2013 es un día que Ruslan y Anastasia Odonec nunca olvidarán. Estaban en su nueva casa celebrando el año nuevo con sus hijos, sus amigos y sus padres. Esta casa tenía todo lo que habían querido, con espacio para recibirlos a todos. Incluso tenía una sala de deportes con piscina. 

Mientras estaban en la cocina, escuchaban como sus hijos, Radomir de 5 años y Alesya de 3 años, jugaban con un primo mayor. De repente notaron que estaban muy silenciosos. No se escuchaba la contagiosa risa de la pequeña Alesya.

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Ruslan comenzó a buscar y pronto se encontró corriendo de habitación en habitación por toda la casa, hasta llegar al sótano donde estaba la sala de deportes. Fue ahí donde se encontró con una imagen horrible: su hija Alesya estaba sin vida al fondo de la piscina.

Saltó a la piscina, tomó su cuerpo y lo acostó en el piso. Ella no respiraba.

Anastasia bajó a la sala de deportes y cuando vio a su hija comenzó a gritar. Luego colapsó en el piso, inconsciente. Los abuelos llamaron a una ambulancia mientras Ruslan intentaba revivir a su hija. Nunca había aprendido primeros auxilios así que solo intentaba imitar lo que había visto en las películas. Presionó su pecho una y otra vez, e intentó la respiración boca a boca.

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Diez minutos después llegaron los paramédicos, quienes alejaron a Ruslan de Alesya e intentaron revivirla. Un par de minutos después, la pequeña Alesya fue declarada muerta. Ruslan les rogó que hicieran algo, cualquier cosa, pero ellos estaban llenando el reporte.

Ruslan no podía aceptar que su pequeña se hubiera ido, por lo que se arrodilló a su lado y continuó intentando reanimarla, presionando su pecho nuevamente. Continuó bombeando aire a sus pulmones y presionando su pecho.

De repente, sintió una débil palpitación. 40 minutos después de que la sacó del agua, su corazón había vuelto a palpitar.

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El equipo médico no podía creer que media hora después de haberla declarado muerta, la niña había vuelto a respirar. Alesya fue llevaba al hospital de inmediato porque había caído en un coma. Durante días especialistas lucharon por mantenerla con vida.

Después de temer lo peor, la condición de Alesya se estabilizó. Fue llevada a una clínica especial en Moscú, donde recibió el tratamiento más moderno.

Dos semanas después, despertó. Los médicos temían que no se pudiera recuperar por completo y en este momento sus miedos parecían confirmarse: Alesya no podía hablar, ver o moverse. 

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Sin embargo, la pequeña volvió a sorprenderlos. Durante el siguiente par de semanas mostró tal fuerza y determinación que comenzó lentamente a hablar de nuevo. Luego recuperó su visión y dio sus primeros pasos.

Tomó algunos meses, pero al final Alesya se recuperó por completo.

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Actualmente Alesya está sana y tiene toda su vida por delante. Y todo gracias al amor y determinación de su padre de no dejarla ir.

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