Por Felipe Costa
25 febrero, 2021

Juan Peralta vivía en un monte alejado de la ciudad junto a sus hijos. Por años le pesó el no poder darles una vida mejor, donde no tuviesen que dormir entre la tierra y con frío. Para su suerte, uno de los profesores de los niños organizó un fondo de donaciones y les cambiaron la vida completamente.

Por largos años, Juan Peralta sufrió las penurias de no tener cómo mantener a sus hijos. Viviendo en medio de un monte y alejados de toda conectividad con la ciudad de Guairá, Paraguay, el conseguir comida era todo un desafío y ni hablar de pasar las noches en casa, la cual era una choza de madera con piso de barro. Sus niños no sabían lo que era tener un techo firme donde vivir y eso le pesaba al padre.

Crónica

Pero a sus vidas llegó un humilde y generoso profesor, el cual conocía a la familia ya que los hijos de Peralta asistían a la escuela. Carlos Gamarra estaba preocupado al escuchar como vivían, pero se sorprendió más luego de visitar la casa. En aquel entonces supo que debía hacer algo y cambiarles sus vidas para mejor.

Gamarra se organizó con otros profesores para crear un fondo de donación a la familia y así construirles una casa en la ciudad. Decidieron dar a conocer la historia de los Peralta, con la esperanza de recolectar algún dinero.

Carlos Gamarra – Crónica

La iniciativa que comenzó de manera sencilla, sorprendió a Gamarra, quien no esperaba la recepción que tendría por parte de los paraguayos. Al fondo comenzó a llegar dinero por montones y rápidamente llegó a recaudar $75 millones de guaraníes, el equivalente a $11.300 dólares, más que suficientes para comprarles un terreno y construirles una casa.

Cuando le dieron la noticia la padre no pudo contener la alegría de que por fin sus hijos tendrían un lugar digno donde vivir y donde invitar a sus amigos. Además del dinero donado, hubo personas que se sumaron a la construcción de la vivienda, a donar algunos muebles y lo que sobró del fondo fue destinado a la familia para que lo use en gastos básicos.

“Nunca pensé en tener una casa así y con todo esto para darle de comer a mis hijos. Dios se lo pague. Mis hijos están felices. Esta felicidad que sentimos no tiene precio”.

–Juan Peralta a Crónica

Crónica

En el pasado un “día bueno” para los Peralta era cuando las monedas les alcanzaban para el mate y alguna que otra galleta, hoy la familia completa tiene un techo firme, una mesa, alimentos y nuevos sueños que cumplir.

Crónica

Si hay algo que el profesor Gamarra destacó del padre, es que nunca los retiró de la escuela, pese a las distancias se preocupó de que fuesen educados, ya que sabía que sería la mejor oportunidad de que tengan un futuro mejor. Hoy sin dudas pueden estar más tranquilos que nunca y disfrutar de una casa cómoda y por primera vez no pasar frío.

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