Por Alejandro Basulto
11 julio, 2019

Anarquista pacifista de pensamiento, cuando el español Alejandro Finisterre fue capturado por agentes franquistas en una aeronave en Guatemala, envolvió un jabón con papel de color plata, simulando una bomba.

El nombre de Alejandro Campos Ramírez posiblemente sea desconocido para todos quienes estén leyendo este texto. Y hablarles de Alejandro Finisterre, probablemente no sea tanto más conocido para muchos. Ya que fiel a su personalidad y a su manera de ser, este poeta español de pensamientos anarquistas pacifistas, siempre se mantuvo humilde a pesar de ser poseedor de una historia digna de una película.

Alejandro Campos nació en Finisterre, un pueblo de Galicia por el que cambió su apellido en su honor. Lugar donde creció en una familia humilde, que tenía apenas recursos para enviarlo a la escuela. Una de sus aspiraciones en su niñez era ser arquitecto, por lo que en su juventud se desempeñó de ayudante de albañil.

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Eulogia Merle

Él fue testigo y una de las víctimas de la Guerra Civil Española. A los 17 años, el lugar donde se encontraba fue bombardeado, quedando Alejandro bajo los escombros. Lo que le provocó lesiones graves en sus piernas. Y en el hospital conoció a otros niños heridos como él, que por sus heridas no podrían seguir jugando fútbol.

Fue en ese momento que nació la idea del taca taca o futbolín, inspirado en el tenis de mesa. «Niños cojitos, tan tristes porque no podían jugar al balón con los otros niños… Y pensé: si existe el tenis de mesa, ¡también puede existir el fútbol de mesa!», dijo en una ocasión, Finisterre.

Tras reunirse con su amigo Javier Altuna, un carpintero vasco que se encontraba en el hospital, empezaron a trabajar en el primer modelo de futbolín. Con madera, Altuna moldeó los jugadores, utilizaron una bola hecha de corcho y en lo que pareciera una caja de madera, crearon una cancha de fútbol.

Alejandro Finisterre

Salió del hospital y siguió dedicándose a sus actividades políticas sociales. Logró patentar el invento en 1937, pero dado al triunfo del franquismo, tuvo que huir a Francia, trayecto en el que perdió el documento de la patente. No le importó, el consideraba que si no lo inventaba él, alguien más igual lo iba hacer.

Posteriormente se trasladó a Guatemala, donde comenzó a construir taca tacas, con el fin de impulsarlo en diversos puntos de América. En esta aventura en tierras americanas tuvo varios hitos, siendo tal vez el más llamativo uno que le ocurrió en una aeronave. Cuando lo obligaron a subir a un avión, agentes franquistas que andaban en búsqueda de opositores a la dictadura de Franco.

Alejandro Finisterre

No sabía lo que le sucedería, por lo que se metió al baño, donde envolvió un jabón con papel color de plata, simulando una bomba, y en cuanto salió gritó lo siguiente: «¡Soy un refugiado español al que han secuestrado, y si es necesario, sé cómo evitar que este avión llegue a su destino!»

De esa manera se logró salvar y ser el protagonista de uno de los primeros secuestros aéreos de la historia. Sumando otra de muchas anécdotas en su haber. Las cuales contó a sus compatriotas españoles en su regreso a España durante la transición del gobierno español.

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