Por Andrea Araya Moya
9 febrero, 2017

No todos los héroes llevan capa.

Muchas veces hemos visto historias de personas que ayudan a quienes más lo necesitan. Hemos sido testigos de almas solidarias que no dudan en tenderle una mano a quien pasa por problemas o necesita dinero para vivir. Ante esto, nos sentimos admirados cuando vemos que alguien le da dinero a las personas que viven en la calle o hasta un poco de comida. Sin embargo, creo que la historia que conocerás a continuación, sin duda, te dejará al borde de las lágrimas.

Adam August es una de esas personas que adora ayudar a los demás. Es un chico sencillo y jovial. Un día Adam caminaba por la calle cuando vio a alguien que hizo que realizara el acto más bondadoso de todos.

Adam siempre solía ver al mismo hombre parado afuera de una cafetería. Cada vez que lo veía Adam se proponía invitarlo a almorzar, pero siempre había algo que lo impedía. Hasta que llegó el momento de hacerlo realidad. Se acercó al hombre y le preguntó si quería almorzar con él. El hombre aceptó.

Mientras comían, el hombre se presentó. Su nombre era Tarec Atkinson y provenía de Jamaica. Cuando era niño su mayor sueño era ser futbolista y, si bien lo reclutaron en la escuela para jugar, nunca tuvo la oportunidad. Tarec se mudó a Estados Unidos hace 8 años y el último lo ha pasado viviendo en una casa al lado de la autopista. De repente hay días que pasa sin comer y, además, no tiene ni amigos ni familia en ese país.

Adam se sintió conmocionado con la historia y decidió hacer algo por él. Después de escuchar que Tarec no se bañaba hace un mes, Adam decidió llevarlo a su casa para darle una ducha. Además, también quiso ayudarlo de otra manera: le prometió que le ayudaría a conseguir trabajo.

Adam August

Pero no quedó ahí. De inmediato Adam llevó a su nuevo amigo a comprar ropa nueva para poder presentarse en las entrevistas de trabajo. Admirado, notó cómo Tarec comenzó a sonreír. Luego, ambos fueron a buscar trabajo.

Sin embargo, si bien en algunos lugares aceptaron su propuesta, muchas otras empresas pedían postulación vía Internet. Y ahí estaba el problema, pues Tarec no tenía computadora. Así que, Adam lo llevó a una biblioteca pública y llenaron solicitudes. Tarec estaba entusiasmado.

Adam August

Afortunadamente, y digno de un sello de oro para una buena historia, Tarec encontró trabajo. ¡Logró darle una vuelta al destino y mejorar su vida!

Adam August

Lo mejor de todo es que ya no estaba solo. Se ganó un nuevo amigo.

Y tú, ¿qué opinas de esta inspiradora historia?

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